¿Qué pasó ayer?
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¿Qué pasó ayer?

05/09/2018
Actualización 05/09/2018 - 11:41

Han pasado 67 días desde la elección presidencial y ya comenzó el pago de favores, el derrumbe de esperanza y la verdadera cara de una nueva mayoría que está dispuesta a mostrar que todo se transformó para que nada cambie.

Ayer, como en una mala broma, vimos en la Cámara de Senadores la burda muestra de que basta una alzadera de manos, una mayoría aplastante y enormes vicios legislativos y legales para que en México quienes gobiernan hagan y deshagan a su más cínica conveniencia.

Quizá se haya enterado de que Manuel Velasco, el senador con licencia y recién renombrado gobernador de Chiapas, cambió la Constitución local con el aval de sus operadores políticos para poder ir al Senado a tomar protesta en la plurinominal que le dio el PVEM, exaliado priista y nuevo alfil de Morena, y tres días después pedir licencia y volver a Chiapas a terminar su gestión como gobernador para saltar nuevamente al escaño que alguien más le estará calentando.

¿Qué carajos pasó ayer en la Cámara de Senadores? Una escena triste de cómo 30 millones de votos no son suficientes para un cambio de fondo.

Durante la sesión de Pleno de este martes, Velasco solicitó licencia como planeó y operó; y en lo que parecía un primer gran acto de congruencia del nuevo partido en el poder, se le negó. Bastaron algunos jalones de oreja, la simulación de un debate y la defensa pública del coordinador de la bancada lopezobradorista, Ricardo Monreal, para que la congruencia se guardara en un cajón.

¿Por qué primero se le negó la licencia a Manuel Velasco para separarse de su cargo como senador y después se le concedió? Es algo muy sencillo: porque en México las cosas van a seguir funcionando de la misma manera, la cuarta transformación no incluye el cambio de un sistema de liderazgos políticos amañados y Morena se rige desde una cúpula inalcanzable.

Basta leer los renglones de una puntual crónica de las periodistas Claudia Guerrero y Erika Hernández, de Reforma, para devolvernos a nuestra realidad, para saber que en la Cámara alta hay clases sociales, peones y reyes, la voz la tienen los líderes y punto. Para muestra este fragmento de lo sucedido en el recito senatorial: “El rechazo inicial a la licencia de Velasco se registró en el Pleno del Senado mientras todos los coordinadores parlamentarios instalaban la Junta de Coordinación Política. Ante la ausencia de los liderazgos, la mayor parte de los legisladores se abstuvieron o ni siquiera participaron en la votación a mano alzada que se registró en el Pleno. Los únicos que se manifestaron abiertamente en contra fueron los panistas, quienes votaron en contra de la licencia. En la bancada de Morena también rechazó la petición la senadora de Michoacán, Blanca Piña. ¿Cuándo el gato no está los ratones hacen fiesta? Pues la fiesta les duró poco.

Al enterarse del tema, los coordinadores operaron desde la Junta de Coordinación Política para reponer el procedimiento. Miguel Osorio Chong, líder del PRI, reveló la decisión que se había tomado.

“Aquí no estamos juzgando, no somos nosotros jueces. Nosotros estamos concediendo una petición de un legislador que tiene derecho en la Constitución para poder separarse de su encargo, eso es todo”, expresó.

“Cuando el asunto volvió al Pleno, para reponer el procedimiento, el coordinador del PAN, Damián Zepeda, reconoció que, en la Junta, respaldó que se replanteara el trámite”, relatan las periodistas. A esto se le sumó una descarnada defensa del senador morenista Ricardo Monreal sobre el derecho de Velasco a regresar como gobernador a su estado. En eso quedó la soberbia rectitud con la que Morena lo criticaba todo cuando era oposición, en la incongruencia de quienes ya probaron que en México quien tiene mayoría, también la usa para pagar favores y callar buenas conciencias.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.