Poder matar
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Poder matar

COMPARTIR

···

Poder matar

20/06/2018
Actualización 20/06/2018 - 14:43

La violencia nos ha obligado a ser creativos en la manera de contar los asesinatos. Como si se tratara de una guía práctica para entender el fracaso de nuestra justicia, ayer el portal Animal Político publicó la primera de varias entregas de un trabajo titulado 'Matar en México: impunidad garantizada'. Aunque ya se ha escrito en infinidad de ocasiones del bajo número de sentencias condenatorias por homicidios, de lo sucio de los procesos judiciales, de las víctimas de la maldita impunidad y de las zonas sin ley en este país, esta es la primera vez que se justifica con hechos, estadísticas e historias la tan trillada frase de que en México se mata porque se puede.

Partiendo de esa hipótesis los periodistas Paris Martínez y Arturo Ángel exploran cada una de las etapas en la investigación de un homicidio, desde el torpe policía preventivo que llega al lugar de los hechos, al abusivo policía de investigación, el forense sin herramientas para hacer un trabajo adecuado, el Ministerio Público como mina de oro para explotar a las víctimas y los altos funcionarios que viven en una burbuja de objetivos inalcanzables y de cifras que ellos ni siquiera comprenden.

Dentro de una de las historias que cuentan en esta primera entrega está la de Laura –nombre ficticio para contar su historia–, una policía de investigación en la Fiscalía de Homicidios de Nuevo León. Uno pensaría que en uno de los estados más importantes del país habría por lo menos tóner y papel para que Laura trabajara… no, y así lo cuentan: “Ella nunca tuvo capacitación sobre cómo indagar un asesinato. Ni siquiera necesitó años de experiencia o algún estudio especial, como se pide en Estados Unidos o Canadá. ‘Basta con que ahí te pongan, como pasó conmigo’”, reconoce.

“Ella gasta buena parte de su semana en escribir ‘memos’ para que le compren gasolina o una refacción para su patrulla, o en buscar militares para que le vendan municiones que sobren de algún decomiso. También va a Office Depot a comprar hojas, plumas o papel carbón que necesita para escribir sus informes, o quizá tóner para la impresora”. Sin embargo, no sólo se queda ahí la tragedia, en una oficina sin papelería; son tantos los asesinatos y tan pocos los policías de investigación que “no se archivan ni se cierran (los casos), pero no hay ninguna diligencia. Sólo el informe de los hechos y la identificación del muerto… y así se quedan”, reconoce Laura.

En un ejercicio de una realidad que no podrán ni siquiera superar nuestros nietos, el portal Animal Político hace un interactivo por estado para contestar la siguiente pregunta: ¿En cuántos años podríamos resolver todos los homicidios pendientes? Sí, ante el supuesto de que a partir de mañana no haya otro asesinato en nuestro país, el Estado de México tardaría en resolver todos los homicidios pendientes 225 años; el estado de Guerrero, 409 años; Michoacán, 207 años, y en la Ciudad de México, 22, sólo por citar algunos ejemplos.

Cómo podemos dormir tranquilos sabiendo que un México justo está a siglos de distancia; cómo estirar el tiempo para derribar esa maldita impunidad; cómo no dar por perdidos esos cientos de miles de asesinatos sin resolver.

En esta época de promesas imposibles de los candidatos presidenciales, de guerra sucia y de corrupciones en distintas formas, recordarnos a las víctimas es necesario; recordar que el duelo en este país nos durará décadas, también lo es; pensar que hay familias enteras tocadas por la violencia no sé si nos debería convertir en un país en luto, pero por lo menos sí de respeto a ellos; saber que es un pendiente que no podemos convertir en eterno. Es urgente trabajar en un aparato de justicia donde regresemos a ser ese país donde NO SE PUEDA matar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.