Nuestra tarea
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Nuestra tarea

COMPARTIR

···

Nuestra tarea

06/11/2018
Actualización 06/11/2018 - 11:31

“El pasado fin de semana también hubo polémica, una revista sacó una foto no sólo en la portada, sino también al interior, una foto en la que aparezco decrépito, chochando, y el título de la portada dice que estoy solo y que se avizora el fracaso.

“Muy sensacionalista, amarillista la revista, pero es normal, así es la libertad, así es la democracia, es pluralidad y es libertad de expresión, no es pensamiento único y yo no aspiro a ser un dictador, yo aspiro a representar a una república democrática”. Así empezó la semana Andrés Manuel López Obrador; dice que “bien y de buenas”. Lo hizo calificando el trabajo periodístico del reportero Álvaro Delgado en la revista Proceso. Una entrevista al constitucionalista Diego Valadés, en la que se hablaba de las amenazas de la falta de contrapesos al ejercer el poder, del debilitamiento de las instituciones y de cómo enfrentaría desde su soledad a los poderes económicos:

“Ya nos ha dicho cuál es su proyecto económico y social y de ética pública, pero nos falta la otra parte del proyecto. Sin esa otra parte del proyecto, entonces sí en el enfrentamiento con los poderes económicos va a ser muy desigual, porque va a ser todo un entramado de intereses muy bien construidos, con una pluralidad de corporaciones nacionales e internacionales muy densas, muy pesadas, muy sólidas frente a una persona. Y eso nunca ha funcionado.

–“¿Estaría condenado al fracaso?

–“Sí, al fracaso”.

Ayer publiqué en mi cuenta de Twitter que el presidente electo había calificado de “muy sensacionalista y amarillista” a la revista. Varios usuarios contestaron mi tuit diciéndome que pusiera la cita completa, que también hacía un llamado a la libertad de expresión; sin embargo, no es ningún favor aplaudir que él mismo comunique que no quiere ser un dictador o que diga que vivimos en un país plural. No es una concesión presidencial, sino un derecho básico ganado.

Los adjetivos vertidos por él y sus cercanos, Beatriz Gutiérrez Müller, por ejemplo, sí exhiben a un presidente electo que no le gusta la crítica, que no argumenta sobre el trabajo periodístico, sino que sólo descalifica. ¿Por qué es amarillista y sensacionalista? López Obrador no tiene la respuesta.

‘Ya sabíamos que era así’, van a argumentarme. No se trata de conocer un defecto, sino de que quien ha prometido gobernar para el pueblo y por el pueblo sepa que estar bajo el escrutinio público no sólo es un ‘ya ni modo’, sino que la no descalificación también forma parte del respeto a la libertad de expresión. ¿Qué pasa cuando quien tiene un arrastre como el de él descalifica ‘inocentemente’ o en afán de ‘defenderse’ a un medio como Proceso?

Aún más interesante fue el intercambio de tuits entre Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de Andrés Manuel López Obrador, y el director del semanario, Rafael Rodríguez Castañeda; primero un tuit de Gutiérrez Müller señalando “el conservadurismo, de izquierda o de derecha, nubla el juicio y da pie a conjeturas fantasiosas”; después, la respuesta de Rodríguez: “o sea, doña Beatriz, a López Obrador ni con el pétalo de una rosa. Proceso es fiel a su historia y a la herencia de Julio Scherer”. Y la respuesta final de Beatriz: “conocí a don Julio. Y por lo mismo, no creo que hubiese autorizado esa portada”. “Por cierto, don Julio no ‘autorizaba’ portadas. Ya retirado en 1996 nos dejaba en la misma libertad que ejercíamos con él”, terminó el debate el director de Proceso.

Es importante reconocer que existe el debate, que la exposición de ideas se da en ambos lados. Ojalá fuera más profundo, ojalá tanto el presidente electo como su esposa argumentaran en lugar de sólo adjetivar o dar por sentado prácticas periodísticas que desconocen. Después de leer el artículo, no creo que haya sido una feroz crítica, sólo una preocupación válida expuesta por Valadés; sin embargo, apenas comienza el sexenio y seguramente vendrán decenas de portadas parecidas.

La pregunta más interesante es saber qué tanto estamos dispuestos todos a diferenciar entre crítica con bases y evidencias y descalificaciones, ¿o sólo era correcto descalificar al poder cuando estaba pintado de un color que no nos gustaba? Ahí nuestra tarea.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.