Los 73
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Los 73

13/07/2018
Actualización 13/07/2018 - 14:23

En el patio principal de la Escuela Normal Rural 'Raúl Isidro Burgos' conviven desde hace cuatro años 49 rostros: los de aquellos que los alumnos consideran los tres pensadores y filósofos por excelencia: Karl Marx, Lenin y Federico Engels: los que llaman los tres grandes luchadores sociales: El Che Guevara, El profesor Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, y los 43 estudiantes de Ayotzinapa que aún faltan.

Hoy, aquellos 43 rostros estarán presentes en la graduación de la generación a la que pertenecieron, aquella en la que iniciaron 140 jóvenes y que sólo 73 pudieron concluir. Que ellos falten hoy pesa más para aquella escuela de 92 años de historia que sigue herida hasta encontrarlos con vida.

Las hectáreas que envuelven a la Normal Rural de Ayotzinapa lucirán de gala, con arreglos florales rojos y azules, pero, sobre todo, con esos 73 que lograron llegar al último año de licenciatura honrando una palabra: sobrevivencia.

El ánimo se enrarece. Por un lado hay festejo, por otro hay indignación y sed de justicia. Nos faltan 43 en esa graduación, pero hay 73 que tienen que labrar su futuro con el estigma de una sociedad que va olvidando y con el dolor de una generación golpeada por la violencia, por la impunidad y por la corrupción.

No hemos dejado de pensar en los 43. Cientos los extrañan en casa, millones más los extrañamos porque en este país puede ser cualquiera, porque todas las generaciones nos sentimos indefensas y porque el Estado ha sido incapaz de darnos la certeza de que regresaremos a casa.

Hoy pienso en los 24 que desertaron, 24 jóvenes que vieron a su alrededor y atestiguaron las bancas vacías de los que no han aparecido: ¿qué significa que hayan decidido irse? Muchos no lo decidieron, pero el temor de los padres no los dejó continuar.

Pienso en los 73 que llegaron hasta el final, que decidieron quedarse y que no olvidan. Que tuvieron la fuerza de seguir estudiando en la Escuela Normal Rural, que ha significado un camino de lucha en la historia política y social de este país. Que a pesar de la adversidad, siguieron marchando y estudiando. Esta es la generación de la resistencia.

Pienso en las historias que nos han contado tantos cronistas; me quedo con el acompañamiento de Tryno Maldonado, escritor que se volvió parte de ellos, que se metió al cuarto de cada uno de ellos, que acompañó a las madres y padres a desenterrar huesos ajenos y a escuchar el lamento de los tíos, hermanos y abuelos.

Y pienso también en las palabras del ya desdeñado presidente Peña Nieto cuando fue a Iguala: “Iguala es un municipio emblemático en nuestra historia, no puede quedar marcado por esos trágicos acontecimientos. Su gente merece ser conocida por sus fortalezas, por su calidez y su firme carácter para alcanzar logros en favor de su comunidad”. El lamentable pronunciamiento de un mandatario que encabezó el Estado que partió en dos a esa generación.

Pienso en la verdad histórica, la que nos contó Murillo Karam y que ha sido derrumbada hasta el cansancio por tantas voces expertas y la petición de una comisión de la verdad que dé a las familias, al país y al mundo, una respuesta de dónde están esos que hoy debieran lanzar birretes y que dejaron vacíos esos pupitres naranjas.

‘¿Qué significa Ayotzinapa, más allá de la desaparición forzada de 43?’, se le pregunta a Víctor Gerardo Díaz, director de la emblemática escuela: “Significa hermandad, solidaridad. Ayotzinapa significa un manjar de conocimiento. Es pionera y madre por formar alumnos en la carrera docente. Ayotzinapa es resistencia, es lucha y es sobrevivencia. Es dolor, pero también es fortaleza y esperanza”.

Ayotzinapa es también oportunidad, una que cada año aprovechan los jóvenes más pobres, hijos de campesinos de distintos estados del país, quienes sólo ahí pueden encontrar una forma de hacer una carrera y ganarse la vida.

Y aún con cuatro años de una herida sangrante que hoy tiene 43 sillas vacías, y a unos padres que no se cansan de exigir justicia, esta generación cree en el futuro, en su futuro, no porque algún candidato se los prometió, sino porque han aprendido a forjárselos solos, porque se lo ganaron y se lo han arrebatado a la historia, porque son libres y están aquí. Y es que, ¿qué podría detener a 73 estudiantes que han podido cumplir esta meta luchando contra la impunidad, la desaparición, el olvido de las autoridades, la indiferencia de los pueblos y el dolor de a quien le arrancan 43?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.