'Las rastreadoras'
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'Las rastreadoras'

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'Las rastreadoras'

27/04/2018
Actualización 27/04/2018 - 8:56

En un país donde miles parecen haberse ‘evaporado’ de la faz de la tierra, la búsqueda de los desaparecidos ha tenido que hacerse por debajo de ella. A las madres y padres y familiares de los que no volvieron a casa no les quedó más remedio que agarrar palas y picos y ponerse a excavar.

Eso es lo que hacen Las Rastreadoras, un colectivo de incansables mujeres que han ido en busca de los que llaman ‘sus tesoros’ y como quien quiere encontrar el más preciado, pero sin un mapa que las guíe, ellas también van sacando tierra para ver si en uno de esos puñados quedan los restos de quien algún día les fueron arrebatados.

Las Rastreadoras -apodo que recibieron del periodista Javier Valdez-, se formaron hacia finales de 2015, pero la fundadora, Mirna Nereyda Medina, ya tenía un año buscando a su hijo Roberto, quien fue ‘levantado’ en 2014.

Aquella mujer de brazos y gestos fuertes, pero mirada consoladora, una maestra de preescolar retirada, tuvo que dejar su hogar y enfundarse en ropa cómoda que le permitiera salir a esos parajes de Sinaloa que por miedo o desconocimiento nadie recorre, para encontrar a su hijo, así tuviera que remover toda la tierra a su paso.

A su búsqueda se fueron uniendo poco a poco más madres y mujeres de la zona de El Fuerte, que ante la tragedia de la desaparición y la violencia a la que la pugna de los cárteles las condenó, se secaron las lágrimas y el sudor y emprendieron la búsqueda.

Las Rastreadoras recorren parajes en zonas en las que creen que puede haber alguna fosa clandestina, entierran una varilla en el suelo, el desprendimiento del gas de la putrefacción de un cuerpo les indica una buena noticia: ahí hay un ‘tesoro’.

Empezaron con palas y picos, solas, activas ante los ministerios públicos que debían hacer ese trabajo pero que se encierran entre pretextos, burocracia, indolencia, corrupción y complicidad.

Las mujeres saben que las manos que un día arrullaron a esos tesoros, son la única arma con la que cuentan ahora para darles una última morada. ¿Cómo sobreponerse al golpe de la ausencia de un ser querido y la indiferencia de quienes tendrían que hacer justicia y encontrarlos?

Las Rastreadoras saben que ya no es el tiempo de lamentaciones, sino de acción. Despiertan conscientes de que lo que están buscando es un cuerpo y que no, por más que sea su obligación [de las autoridades], son ellas quienes tienen que encontrar a sus desaparecidos.

Sé que la historia de estas extraordinarias mujeres es conocida. ¿Por qué es importante traerla a colación nuevamente? En medio de la contienda electoral más compleja de las últmas décadas, con una crisis de derechos humanos que nos ha hecho saber de al menos tres grupos de jóvenes desaparecidos sólo esta semana en distintas partes de la República, quienes nos piden el voto no están hablando de estos temas ni abordan a los desaparecidos más que como un estandarte de discurso vacío. Hace un par de días, a través de EL FINANCIERO Bloomberg, tuve la oportunidad de entrevistar a tres miembros de este grupo y las cuestionaba precisamente sobre lo que quisieran pedirle a esos ‘presidenciables’.

“Que volteen hacia nosotros, que hagan que se cumplan las leyes, esa indiferencia que la muevan, que vean que es un dolor muy grande el que tenemos las madres con nuestros tesoros desaparecidos, ninguno de ustedes habla de desaparecidos. Somos miles de madres sufriendo y buscando a más de 40 mil (desaparecidos), hablan de 33 mil pero hay muchísimas más personas desparecidas”, respondió Mirna Medina.

Nos hemos llamado adictas a la búsqueda. Hoy (Las Rastreadoras) se fueron sin Mirna a la búsqueda, trabajaron, me siento muy orgullosa de ellas”, indicó Mirna Medina.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.