La puerta grande
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La puerta grande

09/08/2018
Actualización 09/08/2018 - 8:59

Tener una constancia entregada en medio de bombo y platillo con la leyenda “Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos” es una imagen que estuvo en la cabeza de AMLO desde antes de aquel pleito por el desafuero en el que Vicente Fox contribuyó para crear el fenómeno político que hoy conocemos.

¿Cómo iba a opacarse un día tan esperado por el exdirigente de Morena? En el panorama nacional parecía que el tema de hoy sería esa tan ansiada entrega de constancia que oficializaría el gobierno que de facto tenemos los mexicanos desde el 1 de julio. Nos equivocamos.

En la madrugada, como balde de agua fría para todos, pero imagino que sobre todo para quienes aún veían algunos casos de éxito de la administración de Enrique Peña Nieto, recibimos la noticia de que la exlideresa magisterial Elba Esther Gordillo quedaba en libertad porque el proceso en su contra quedaba cancelado y se le absolvía de los delitos que la mantuvieron presa desde 2013.

Desde muy temprano, la rumorología que nos caracteriza comenzó a tejer las distintas teorías de la conspiración: que si es un pago de Andrés Manuel al apoyo de la maestra para ganar; que si era un golpe del agonizante priismo para arruinarle el festejo a López Obrador… que si, que si… pero, más allá de las teorías de la conspiración, hay un hecho contundente y comprobable en el capítulo de la justicia mexicana contra una de las líderes sindicales más polémicas del último siglo: la principal responsabilidad de la libertad de la maestra es de la ineficiente Procuraduría que, más que administrar la justicia, ha administrado la injusticia.

En el programa de ‘Así las cosas’ en W Radio, tuve la oportunidad de entrevistar a un lúcido periodista que describió con un análisis basado en hechos y no en sospechas lo que nos ocurrió a todos hoy (porque sí, la liberación de la maestra nos pasó a todos, a los niños y a los adultos, a los maestros y a los políticos), Ricardo Raphael, quien ponía sobre la mesa cuál fue el primer gran error de la PGR: Elba Esther estuvo cinco años presa por un asunto político y no por un asunto judicial. Por tanto, su liberación –sea del lado que sea– es también un revés político y no judicial.

“Judicialmente, Elba Esther Gordillo fue señalada por dos delitos distintos: el primero fue la suposición de la PGR donde se advertía que Elba Esther había recibido mil 978 millones de pesos que salieron de un fideicomiso del SNTE para pagar gastos personales de la maestra, gastos que además se comprobó eran suntuosos, pagar sus tarjetas de crédito, sus compras excesivas. ¿Cómo llegaron esos recursos? Todos los años había una negociación entre el SNTE y el gobierno de la República, y dentro de estas negociaciones siempre estaban estos apoyos a la dirigente.

“Entonces cuando dice que esto era legal, era cierto, había una negociación entre el SNTE y el gobierno federal para pagar los gastos de Elba Esther, nos parecen extraordinarios, son extraordinarios, pero en su momento este fue un arreglo que se mantuvo durante muchos años. ¿Por qué la acusan de delincuencia organizada? Porque era la única manera de sacarla del juego político, porque era la única manera de ponerle dos aviones, de aterrizar el avión donde iba volando, de tomarla presa, de no permitirle que pudiera pedir fianza, porque al gobierno le urgía quitarle el control del sindicato.

“Pero hay un segundo delito, este es por defraudación fiscal; en efecto, doña Elba no pagó impuestos por estos mil 978 millones de pesos, punto, nunca los pagó, no hubo manera de comprobar, pero este segundo delito, si la hubieran acusado de él, habría habido fianza y hubiera salido libre, y habría podido operar políticamente, entonces se guardaron el segundo delito y te tengo que decir que la PGR y la unidad de delincuencia financiera nunca lo montaron, nunca procedieron con él, nunca lo armaron bien, lo que hizo que la defensa de Elba Esther Gordillo desechara el delito de defraudación fiscal y ahora hayan podido echar abajo el delito de delincuencia organizada”, explicó el analista.

En la mente puedo pensar al menos en tres grandes casos del fracaso de la PGR de Enrique Peña Nieto: en 2013, la PGR consiguió órdenes de aprehensión contra el exgobernador tabasqueño Andrés Granier por los delitos de lavado de dinero y defraudación fiscal… el primero, el de mayor gravedad, fue fácilmente desechado por la defensa. En 2014, la verdad histórica del caso Ayotzinapa con que la PGR ha pretendido llevar a decenas de personas a prisión y a explicarle a un país lo que le pasó a los 43; es un caso que cada día se cae a pedazos. Hoy tenemos un tercer botón de muestra.

Y sí, la mayor lección del caso Elba Esther es la urgencia de una Fiscalía independiente que, sin obedecer a tiempos ni jefes políticos, tenga ministerios capacitados para investigar y castigar con justicia a quienes burlan las leyes del país. Es ese matrimonio judicial-político el que ayer le abrió la puerta grande a Elba Esther.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.