Hoy hablamos de sobrevivir
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Hoy hablamos de sobrevivir

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Hoy hablamos de sobrevivir

28/05/2018
Actualización 28/05/2018 - 10:42

Sólo contamos las historias de las que salimos vivos. Hablar de la Ciudad de México durante mi infancia en Veracruz significaba hablar de un lugar intransitable, contaminado y donde la posibilidad de un asalto dependía de la ruta y la distracción. Teníamos dos historias donde mi familia había sido víctima de la delincuencia: A finales de los setenta en una calle del Centro por la madrugada le vaciaron el coche a mi abuela, se llevaron tres maletas y una bolsa de mano, ella estaba en casa de una vecina a una cuadra y nada pudo hacer. Siempre que cuenta esta historia recuerda que un “amable” policía le dijo que si quería recuperar sus cosas estarían en un tianguis a dos cuadras del lugar de los hechos; mi abuela no fue, regresó a Veracruz y cada que habla de la Ciudad cuenta este desafortunado evento. Años después a finales de los noventa un carterista robó a mi abuelo, le cortó con una navaja la bolsa trasera del pantalón, mi abuelo se dio cuenta hasta que se bajó en la estación Zapata, lo único que hizo fue decir “hijos de la chingada”. Un susto, una mentada, y a lo que sigue. También mi abuelo contaba esta historia como la vez que la Ciudad de México le jugó chueco. Esa era la peligrosa Ciudad en la que crecí. Problemas de una urbe cualquiera con millones de habitantes.

Ayer la portada del diario Reforma nos mostró la realidad que hemos alcanzado: “Crecen en CDMX narcoejecuciones” decía la nota de ocho, el reportaje firmado por Ricardo Pérez y Rolando Herrera es contundente “Con el sello del narco, 123 personas han sido ejecutadas en la Ciudad de México este año. Solamente en los primeros 24 días de mayo iban 39 casos, siendo el mes con el mayor número de narcohomicidios”. El trabajo publicado en Revista R señala que abril fue el mes más violento del que se tiene registro en la Ciudad -126 homicidios dolosos-. En lo que va de este 2018 se han contabilizado 432 homicidios dolosos y se han registrado más de 72 mil delitos denunciados, y habrá que subrayar el tema de la denuncia, pues cuántos deciden dejar el hecho en los brazos de la impunidad.

Ya no somos el 'oasis' libre de narco que presumíamos en el sexenio de Marcelo Ebrard. Desde hace años, por lo menos tres, nos resignamos a estar vivos tras un asalto violento: “qué bueno que te tocó un delincuente con experiencia, los nuevos sueltan el balazo inmediatamente”, “agradece que sólo te golpearon, a otros los desaparecen”, “no importa la bolsa ni el celular, cuántas mujeres terminan violadas”, argumentos que repetimos como consuelo ante una persona que está viva y asustada.

La noticia del diario Reforma me la envió un amigo de Reynosa a través de WhatsApp con un mensaje poco alentador: “No que no, cabrón”, ya somos el México de los últimos 10 años. Aún recuerdo la declaración del exprocurador capitalino, Rodolfo Ríos Garza, diciendo que no había crimen organizado en la Ciudad, que sólo había narcos de vacaciones que delinquían por temporadas. Esto fue lo que más nos costó (no esta declaración que raya en lo ridículo), la ceguera permanente del gobierno de Miguel Ángel Mancera, la incapacidad de decir “están llegando los cárteles debemos prevenirnos”, la aceptación de una inminente presencia del crimen organizado. Ante las vendas en los ojos de nuestras autoridades, el crimen se expone, se despliega y conquistan la capital del país.

Pronto no habrá historias en primera persona de la violencia en la Ciudad, nos superarán los muertos y ellos no hablan. Nos teñimos de rojo en seis años, recuperar el esmog o el tránsito como temas de esta Ciudad está perdido, hoy hablamos de sobrevivir, los seis años que vienen pintan para ser los más complicados del siglo que llevamos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.