“El sexenio perdido”
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Opinión

“El sexenio perdido”

23/01/2018
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Peña (Cuartoscuro)
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¿Qué significaría perder seis años de su vida? Este es el recuento final que hace la organización Human Rights Watch en la recta final del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto en su labor para la protección de los derechos humanos en nuestro país. El director para América Latina de HRW, José Miguel Vivanco, fue contundente: “Es un sexenio perdido para los derechos humanos”.

Habrá que detenernos en la gravedad de la declaración. Damos por sentada la afirmación en un contexto que nos parece natural, de manera habitual se violan derechos humanos en nuestro país, lo hacen todos: autoridades de alto nivel, policías estatales, federales, el Ejército. Lo más trágico es la simulación de un avance, se firman leyes y se atraen recomendaciones de organizaciones de derechos humanos y todo queda en una ley muda, que no se aplica en el día a día, que queda enmarcada en la impunidad de sentencias inexistentes.

José Miguel Vivanco ha trabajado por décadas en la protección de los derechos humanos en Latinoamérica, y de acuerdo con el diagnóstico de la organización, en México nada ha funcionado. Al contrario, más allá de poner el sexenio del regreso del PRI a Los Pinos como un paréntesis en el tiempo que no sirvió de nada y que con el cambio de gobierno hay una nueva oportunidad de mejorar las cosas, lo que pasó es que perder un sexenio no significó sólo no avanzar, sino que en México, en casi todas las materias que refieren el respeto a los derechos humanos, hubo un retroceso que prende los focos rojos del país a nivel internacional.

El conteo de la violencia en el país se mide desde hace dos décadas, desde 1997. El nivel de violencia que el país padeció en el sexenio de Calderón, particularmente en 2011, fue alarmante. Y, sin embargo, esta semana nos enteramos que, al cierre de las cifras de 2017, este último año es oficialmente el de mayor violencia en el país. Más de un millón de delitos y más de 25 mil homicidios dolosos.

En México no sólo se vive con el miedo de ser víctima de un delito grave, sino que, además, aquellos que sufren de la delincuencia saben que no habrá castigo y la herida es doble: vivir en una nación que no te protege y que no te hace justicia. Esto es brutal y ha llegado a niveles que estudiosos en el tema consideran de una gravedad preocupante.

Según Vivanco y el diagnóstico de HRW, además de la impunidad, el uso de la tortura por parte de las autoridades que imparten justicia y procuran seguridad se ha convertido en una práctica no sólo generalizada, sino casi institucionalizada. Y la poca eficacia, por ejemplo, de la Ley para Prevenir y Sancionar la Tortura, es un ejemplo.

“Es una ley más, y es muy triste lo que te estoy diciendo porque no influye en la práctica de los agentes a nivel municipal y para lo federal; incluso y se siguen registrando a diario este tipo de abusos porque no hay realmente mecanismos eficaces. El problema no se resuelve con una ley más, se resuelve en la medida que existan funcionarios dirigidos con suficiente poder, poder real y la suficiente independencia, por supuesto, y los recursos para investigar estos hechos a fondo y castigar ejemplarmente no sólo a los autores materiales, sino a los superiores jerárquicos que son los que se hacen de la vista gorda o los que promueven este tipo de abusos”, señala el entrevistado en el programa Así las cosas, de WRadio.

Y es que las cifras alarmantes de denuncias de tortura, de homicidios, de asesinatos de periodistas y defensores de derechos humanos nos deja claro que el país ha fracasado en la estrategia que implementó y que nos ha costado cinco años de dolor no sólo por la falta de resultados, sino por la ceguera de quienes tendrían en sus manos la oportunidad de cambiar el rumbo.

“La falta de comprensión del actúa gobierno de la profundidad del problema es realmente lamentable, porque si realmente estuvieran conscientes de la gravedad de lo que ocurre, no habrían impulsado –me refiero al gobierno del actual presidente Peña Nieto– no habrían impulsado esa Ley de Seguridad Interior, que lo que hace es legitimar con mayor fuerza aún la intervención de militares en tareas que son propias de los policías”, enfatiza Vivanco.

Y es que aquella guerra que Felipe Calderón inició a su llegada a la presidencia contra los cárteles del narcotráfico no sólo fue fallida, sino mortal para cientos de miles que han perdido la vida en un intento por reducir una violencia que sólo se multiplica. Y es que como dice Vivanco, los abusos han sido tales de parte de las fuerzas de seguridad, que nunca sabremos cuántos han perecido a manos de criminales y cuántos en manos de quienes debían cuidarlos. “Peña Nieto tuvo la oportunidad de cambiar el rumbo y decidió hacer más de lo mismo, así que estamos estancados, igual o quizá peor”.

Twitter: @jrisco

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.