El desastre de la reconstrucción
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El desastre de la reconstrucción

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El desastre de la reconstrucción

19/02/2018
Actualización 19/02/2018 - 12:19

¿Cuántos sismos necesita la clase política capitalina para tomar en serio a los damnificados de CDMX? ¿Cuántos meses más deben estar sin casa ni certeza jurídica los más de cien mil afectados? ¿Cuántos edificios más deben colapsar o quedar inservibles para que los servidores públicos nos sirvan como deben?

Los últimos cinco meses hemos tenido tres sismos de gran magnitud, uno que resultó mortal para 228 personas, y el dolor que desde el 19 de septiembre compartimos no ha sido suficiente para que los partidos políticos, los diputados y los candidatos dejen de exprimir cada oportunidad que se les pone en frente para sacar provecho.

El viernes, horas antes de que el sismo de 7.2 de magnitud nos trajera el recuerdo del miedo y de la angustia, el comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad, Ricardo Becerra, a quien el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, presentó con bombo y platillo como quien estaría a la cabeza de los trabajos para poner a la ciudad de pie, renunció.

Y no, no lo hizo porque vaya a competir por una curul, ni porque busque un lugar en el Senado o porque quiera otro puesto, lo hizo a manera de protesta por el abuso que se cometió desde la Asamblea Legislativa, donde en contra de la naturaleza de los órganos legislativos, los diputados de los partidos que conforman el Frente en la ciudad se autoaprobaron a facultad de ‘vigilar y decidir’ hacia dónde se iban los recursos para la reconstrucción.

Durante seis semanas, sociedad civil, algunos legisladores como José Alfonso Suárez del Real, de Morena, o Dunia Ludlow, del PRI, organizaciones como Fundar y miembros de la Comisión de Reconstrucción como Becerra, la subcomisionada Katia D’Artigues o el encargado de Transparencia, Mauricio Merino, hicieron un llamado a Mancera para que se diera marcha atrás a estas facultades que dejaban en duda el manejo de más de ocho mil millones de pesos, que debían servir para que los capitalinos afectados por el sismo recuperaran su tranquilidad y su patrimonio. Nada ocurrió.

Mancera no estuvo día y noche atendiendo damnificados, no. Se dedicó a operar y construirse un lugar en el Frente, que, al no haber obtenido una candidatura presidencial, era lo único que le quedaba. Y lo consiguió. El PAN lo puso en el número dos de su lista plurinominal para el Senado.

Y es que Mancera siempre lo ha dicho: no es un hombre de partido, pero queda claro que tampoco de ideologías; su grupo cercano también se acomodó en las listas plurinominales a diputados y senadores.

Sin embargo, no contaba con que el descontento por un presunto secuestro que se orquestaba desde la ALDF a manos de tres cuestionadísimos diputados (Leonel Luna, Mauricio Toledo y Jorge Romero) escalaría tanto que provocaría las renuncias de D’ Artigues y de Merino, por la misma razón que Becerra: ¿para qué simular el trabajo de una Comisión de Reconstrucción que no tendría recursos para operar lo urgente, porque tres legisladores decidirían –sin ningún sustento más que su criterio– para dónde se iría el dinero?

¿Cuál es la finalidad de ostentar un cargo público? Después de este fin de semana me vienen a la mente algunas respuestas: mantener negocios personales, tener fuero, vivir del erario, creer que detrás de ellos está el poder. Porque queda claro que tratar de responderle dignamente a la sociedad… no.

Hoy la ciudad está más lejos de su reconstrucción que nunca, la crisis fue tal que ayer por la noche tuvo que salir el jefe de Gobierno a tratar de tapar lo que es un fracaso mayúsculo. El Gobierno de la ciudad fue incapaz de cumplir lo prometido: un plan para tapar las heridas del sismo del 19 de septiembre.

El anuncio de Mancera sobre una iniciativa que eche atrás los artículos que le daban a estos tres diputados facultades sobre el dinero de los damnificados es un paso, sí, pero tardío. Después de insistírsele por semanas dejó crecer la crisis por estar más ocupado negociando un puesto.

Y aunque será un avance que ni Toledo ni Luna ni Romero estén a cargo de devolverle la paz a las miles de familias lastimadas por el sismo, no se olvide usted de sus nombres, porque el PRD que tanto ha prometido regresar la calma a la ciudad, es el mismo que le aseguró fuero a dos de estos tres personajes premiándolos con una postulación vía plurinominal para el Congreso federal. Y si son los mismos legisladores que fueron en la capital, vaya que nos espera una Cámara de Diputados complicada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.