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05/10/2017
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Aspectos de la escuela Enrique Rébsamen después del sismo. (Cuartoscuro)
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Hablemos de confianza. ¿Qué tanto le cree usted a las autoridades? ¿Qué tanto les confiaría la seguridad de sus hijos? Seguro esto se lo ha preguntado las últimas dos semanas cada seis horas; la fragilidad después del sismo abarca todos nuestros espacios. Ante esta sensibilidad y vigilancia milimétrica, la nota publicada ayer en el portal Animal Político abona al señalamiento, una vez más, de autoridades irresponsables, sin memoria y sin control.

El colegio Enrique Rébsamen fue uno de los 38 edificios que colapsaron en el sismo del 19-S, pero acaparó la atención nacional e internacional por dos factores: era una escuela y fue la tumba de 26 personas, de las que 19 eran niños. El emblema de una tragedia en un colapso que además tardó días para poder rescatar hasta el último cuerpo.

Tras los derrumbes se supo que no sólo fueron los 7.1 grados de magnitud los que echaron abajo parte de un colegio que comenzó a edificarse en 1983, y que no era ‘lo viejo’ la causa de que no resistiera, sino el peso de dos pisos de un departamento con mármol y jacuzzi, donde la dueña Mónica García Villegas construyó su casa, la fragilidad estructural, violaciones al uso de suelo y, por supuesto, la deficiente
–por decir lo menos– revisión de un Ingeniero Corresponsable Estructural de Seguridad que avaló las condiciones estructurales del edificio.

Investigaciones periodísticas del diario Reforma al respecto arrojaron el nombre del Corresponsable Estructural de Seguridad que, en 2014, hace sólo tres años, en su calidad de responsable no sólo de la estructura de la escuela, sino de la vida y seguridad de 417 alumnos, dijo que NO había problema en la construcción: Francisco Arturo Pérez Rodríguez.

Ayer, la nota Animal Político nos reveló que no sólo es un funcionario con una licencia vigente para operar y seguir avalando construcciones, sino que es la persona que está firmando los dictámenes de las escuelas en la Ciudad de México para que los alumnos puedan volver a clase. Es el colmo.

“En el Colegio Greenland Panamerican School, ubicado en la delegación Benito Juárez, el ingeniero civil con registro C/SE 0128 se presentó el pasado 26 de septiembre para realizar una inspección y emitir el dictamen pericial en seguridad estructural.

“Al confirmar que se trata del mismo ingeniero que avaló al Rébsamen, padres de familia rechazaron el dictamen, por lo que el Colegio Greenland solicitó un nuevo peritaje y se negó a aceptar el aval de este Corresponsable Estructural de Seguridad”, dice la nota que se titula ‘El ingeniero que avaló seguridad del Rébsamen revisa escuelas para que reinicien operaciones’.

Los padres de este colegio se tomaron la molestia de revisar a detalle el dictamen que es obligatorio para que los niños puedan retomar clases y volver a los planteles educativos y lo rechazaron, pero ¿cuántos hay que no se fijan en el nombre y están dejando en manos de personal que ya demostró no estar capacitado y ser presunto responsable en un colapso que terminó con la vida de 19 niños?

¿Por qué el Gobierno de Ciudad de México no ha suspendido su licencia, que en el portal de la opaca Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda aparece vigente hasta 2018? ¿Quién está eligiendo a esos ingenieros que tienen la vida de miles de niños en sus manos?

Y por supuesto que no son los únicos en riesgo. Durante la noche, el diario Reforma complementaba la información sobre este ingeniero y en un texto del periodista Samuel Adam daba a conocer que Pérez Rodríguez no sólo está avalando escuelas, sino edificios gubernamentales como dos sedes del Instituto Nacional Electoral, basado sólo en una inspección ocular, sin un peritaje más profundo, a pesar de que a través de redes sociales usuarios de los edificios del INE han denunciado que los edificios presentan daños evidentes.

Sí, es el momento de reconstruir la ciudad, pero parte fundamental será reconstruirla esta vez sí sobre cimientos fuertes, con la seguridad de que aquellas edificaciones que la conforman son supervisadas por profesionales que garanticen que no será la corrupción la que sepulte entre escombros a nuestros hijos.

Twitter: @jrisco

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.