Diez días después
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Diez días después

29/09/2017
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Miguel Ángel Mancera indicó que aún se mantienen restricciones específicas en algunas colonias de esas delegaciones. (Notimex)
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¿Qué siente diez días después del sismo el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera? “A veces he platicado con alguien y le digo: estás es un lugar y sientes como que se está moviendo el piso, es una sensación que nos queda, que yo no sé si le pase a todo el mundo, pero yo hablo por lo que experimento y todavía hay ahí alguna sensación de lo que vivimos.

“Lo he platicado, era como si estuvieras en un set de cine, como si estuvieras viendo una foto especial por cómo se movió el edificio de Gobierno, yo estaba en el edificio de Gobierno, las lámparas que estaban ahí se movían como si fueran pelotas de ping pong, de un lado para otro”, describió el jefe de Gobierno en una entrevista a través de EL FINANCIERO Televisión.

¿Qué hace para evitar el mareo repentino? “Yo trato de reflexionar un poco, de hacer lo que se llama meditación y de pensar, sin mucho conocimiento profesional, pero no he tenido tiempo, la verdad es que no hemos tenido tiempo ni de dormir, es una cosa bien complicada, a veces no sabes bien a bien ni el momento en el que estás y seguramente cuando tenga algo de tiempo sí haré algunas preguntas porque esto que comentas sí sucede, yo vivo en un piso alto y la verdad es que es algo que se te queda un poco ahí por siempre”.

Su historia es como la de cualquier chilango, es válido sentir miedo, tristeza, creer que todo se mueve, pero el miedo también requiere de atención.

Nos pasa a todos, desde aquel señor que vendía fruta en el circuito de Ámsterdam, en la Condesa, y que vio ventanas y pedazos de edificios caer; el trabajador que redactaba un oficio en el piso 14 de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda en Insurgentes y Reforma, y que desde el ventanal vio partirse en tres el Monumento a la Madre; el papá que iba en auto a recoger a sus hijos a la escuela y atestiguó cómo se rompían los vidrios de la calle por la que iba, o el anciano jubilado que estaba en el patio de su casa en Xochimilco y vio caer la casa que él construyó.

Y sí, también le pasa al jefe de Gobierno, a quien el sismo del 19 de septiembre no sólo le cambió el plan para las aspiraciones políticas, sino que lo hizo reconocer, como no lo había hecho antes, la fragilidad que sentimos todos los capitalinos ante un fenómeno de la naturaleza del que nadie tiene control.

Todos perdimos algo durante los segundos en que la tierra se movió y los edificios y casas cayeron: algunos perdieron familiares, amigos, el patrimonio de toda su vida, un negocio; muchos perdimos paz, ganas de bailar, hasta el sueño. Es estrés postraumático, que nos vuelve irritables, insomnes, que no nos deja llorar o que nos tiene llorando todo el tiempo, y que según especialistas padecen al menos el 20 por ciento de la población.

En la Ciudad de México, la Secretaría de Salud, brigadistas de la UNAM, una red de tanatólogos y muchos psicólogos particulares voluntarios están dispuestos a atender un problema que no debe minimizarse y que, aunque es ‘normal’, no debe dejarse. Dos hospitales de las emociones o hasta el desahogo colectivo con amigos. Sí, todos tenemos miedo, se vale y se tiene que pedir ayuda. También los niños. Los terremotos dejan huellas. La alerta sísmica nunca nos sonará igual.

“¿Perdió algo o perdió a alguien Miguel Ángel Mancera el pasado 19 de septiembre?”, le pregunté. “Amigos, algunas personas conocidas, no de manera cercana, afortunadamente, no he tenido eso, pero sí amigos, amigos de relación, del colegio de mis hijos, amigos que desgraciadamente hoy ya no están acá, lo que sí es que esto conmociona todavía y se siente la vibra”.

Todos tenemos miedo y todos perdimos algo.

Twitter: @jrisco

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.