De Tijuana hasta la frontera sur
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De Tijuana hasta la frontera sur

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De Tijuana hasta la frontera sur

21/05/2018
Actualización 21/05/2018 - 9:40

De pronto se trastoca la dinámica de la ciudad, una que es convulsa por naturaleza. Ahora se convierte en la meca de la clase política nacional. En Tijuana circulan camionetas con choferes y escoltas, y junto a ellos reporteros de todo el país buscan historias que contar.

Los priistas han llegado por cientos, ocupan todo un hotel a quince minutos de la Universidad Autónoma de Baja California, donde ocurrió el debate de ayer por la noche; son fáciles de identificar, absolutamente todos visten el tradicional chaleco rojo (o azul marino) con el logo de la campaña de su candidato y ha venido la plana mayor: Manlio Fabio Beltrones, Aurelio Nuño; por increíble que suene también el secretario de Hacienda, José Antonio González Anaya, y se estrenan a un mes y medio de la elección con dos nuevas contrataciones: el publicista Carlos Alazraki y el exresponsable de comunicación social del gobierno del presidente Peña Nieto, David López; toda la carne al asador, murmuran en el lobby del hotel Real Inn, con un ánimo sorpresivo; también los acompaña Armando Ríos Piter, el nuevo jaguar con manchas tricolor.

Con una comitiva mucho más modesta llega la noche del sábado en el último vuelo del día el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Lo acompaña Marcelo Ebrard y decide hospedarse en el hotel Lucerna, a dos cuadras del búnker priista. Horas antes de su llegada, los otros tres debatientes ensayaban cada detalle del debate. López Obrador sólo tiene un mensaje para los medios que le preguntan por qué el desaire al ensayo: paz y amor, les dice.

Entre el hotel Real Inn y el hotel donde se hospeda Andrés Manuel están las oficinas de Morena en Tijuana; ahí instalaron pantallas y la mayoría de los que acompañaron al candidato siguieron el debate desde ese lugar. Ricardo Anaya no ha llegado a ningún hotel, decidió hospedarse en un domicilio particular donde ha tenido reuniones privadas con sus cercanos, incluyendo a Santiago Creel y Fernando Rodríguez Doval. De Jaime Rodríguez, El Bronco, se ha sabido poco; cercanos a él afirmaron haber pasado el día en Ensenada y llegar directo a la hora citada, entre 5:00 y 5:30 pm, hora local.

En medio de la efervescencia política, varias cosas importantes que subrayar: la primera, el apostar a un formato nuevo e histórico con la presencia de mexicanos cuestionando a los candidatos cara a cara; el INE ha dado un paso definitivo y tal vez ha sido lo más relevante del proceso, hasta este momento. La oportunidad de que al menos seis ciudadanos puedan cuestionar directamente a los cuatro aspirantes. Los moderadores, como sucedió en la primera edición, también tuvieron oportunidad de ser más inquisitivos y no sólo relojes humanos.

En segunda, la agenda invisible, esa que queda detrás de las provocaciones, lo que no decimos por estar pendientes de los pleitos entre colores, por denostar en lugar de informarnos, por pensar siempre que hablamos de México en el mundo, que el único mundo es Estados Unidos: ¿Y la frontera sur?

De acuerdo con el Instituto Nacional de Migración, cada año 450 mil personas atraviesan nuestra frontera sur de forma ilegal intentando llegar al país de Trump; cuatro de cada 10 no llegan a Estados Unidos y se quedan a trabajar en nuestro país, de los que ingresan ilegalmente. Otros tantos: 14 mil 500, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala, solicitan refugio a nuestro México por las graves condiciones de inseguridad y de pobreza que padecen en Centroamérica. Sólo 13 por ciento son admitidos. Por ello, Tapachula, en Chiapas, tiene hoy una crisis de refugiados que ha detonado en la colocación de hasta el doble de albergues de los que había hace cuatro años.

Nosotros nos quejamos de la constante deportación de nuestros connacionales, pero este país sólo en 2017 deportó 82 mil personas a las que, según Amnistía Internacional, no se informó de su derecho de pedir asilo. Y es que en este debate oímos a los candidatos defenderse de un muro que ven como una ofensa, pero del que este país ha construido y cómo lo manejarán, a ese preferimos no voltear.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.