Corazoncitos
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Corazoncitos

06/09/2018
Actualización 06/09/2018 - 10:53

Bien decía el divo de Juárez: “lo que se ve no se pregunta”, pero los periodistas somos tercos.

Ante la respuesta obvia de las partes acusadas insistimos en escucharlas, que tenga el valor de decirlo en nuestras caras. Después de conocer lo sucedido antier en el Senado, la pregunta a los tres implicados era necesaria: ¿hubo algún acuerdo político entre el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, y Morena para mantener su licencia –y regresar a su estado– y ceder cinco diputados del Partido Verde al partido de AMLO, para formar mayoría absoluta en la Cámara baja? Las fuentes contestaron:

Mario Delgado: “Lo de ayer fue una coincidencia, no tiene relación, yo no tuve ninguna comunicación con Ricardo (Monreal) o con el Verde, no… cero”.

Ricardo Monreal: “Yo no tuve ningún acuerdo con la Cámara. Estoy tranquilo con mi conciencia. Si hay suspicacias, lo lamento (…) para mí es un asunto concluido, es un asunto cerrado”.

Manuel Velasco: “Antes que nada, quiero asegurarle que no existe ninguna relación entre la aprobación de mi licencia en el Senado y la decisión de diputados del Partido Verde de formar parte de otro grupo parlamentario”.

Se olvidan estos personajes que quienes los vemos, tenemos claro algo desde hace años: nada, NADA en política es coincidencia. ¿O de verdad asumen que 90 años de ver el cinismo negociador del PRI no fue suficiente escuela para todos?

Que queden como precedentes estas respuestas para, en algunos días, atar cabos, entender acuerdos y decisiones; sus palabras sólo pueden estar sustentadas en hechos y cae más pronto un hablador que un cojo.

Y es que ese mentado conjunto de principios que nos vendieron en campaña de “no robar, no mentir, no traicionar”, lo rompieron en la primera oportunidad, porque les tengo noticias: la chicanada legislativa que le permitió a Manuel Velasco hacer de dos puestos lo que quiso, sin el consentimiento de los millones que viven en Chiapas, sí es una traición a la voluntad del pueblo.

El que de plano no quiso hablar (aunque tampoco es que pudiera justificarse) fue el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. El encargado de marcar agenda, de cepillar todos los temas, de jugar con la prensa y de crear polémica para aparecer en las primeras planas no quiso decir nada, a pregunta expresa de una reportera: “Licenciado, ¿del caso de Manuel Velasco y su licencia?” Su respuesta fue: “no, no, no, no, no, no, voy ahorita a…”. La periodista insistió: “pero esto ha generado mucha polémica, estos diputados del Verde que se fueron a Morena”. Y el presidente electo volvió a contestar: “No voy a hablar de eso, corazoncito”. Ella volvió a cuestionarlo: “¿estos acuerdos políticos no van en contra de lo que usted decía? Y contestó: “voy a la reunión ahora con los legisladores, corazones, corazoncitos, corazoncitos, no, no, no, corazones (…) entonces adiós, no tengan cuidado”.

Alguien que por favor le explique a quien será responsable de la conducción ejecutiva de 120 millones de personas que la campaña terminó hace meses, y que si como candidato que buscaba el voto, era obligatorio tener respuestas de él, como uno de los máximos funcionarios públicos del país son imprescindibles sus respuestas. Prometió honestidad y transparencia, y eso debe dar.

Sí, sé que muchos dirán que como Ejecutivo “debe” respetar la libertad de la vida del Legislativo, pero no para un personaje que sabiéndose en la cumbre de la popularidad, basó gran parte de su campaña en pedir el voto por carro completo para facilitarle la implementación de la tan mentada cuarta transformación. Así que no, “corazoncitos”, pronunciado con dulzura en lugar de argumentos y explicaciones no sólo no es un cambio, sino evidencia aquello que las personas tanto criticamos de los políticos: llegando al poder, sin importar el color, todos tienen las mismas mañas… digo, argumentos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.