Buscando la lógica
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Buscando la lógica

COMPARTIR

···

Buscando la lógica

01/11/2018

He dejado constancia en este espacio del pésimo precedente de participación ciudadana que significó la consulta de la semana pasada para definir el futuro del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. El periodista Salvador Camarena lo dijo de manera contundente también en las páginas de este diario: “Todos aquellos que se quejaron de que estábamos ante una farsa de consulta, no han sabido reconocer que los únicos que creyeron que habría una consulta legal fueron ellos”; ha habido decenas de análisis y la conclusión es la misma: la simulación fue lo que jodió.

Sin embargo, he tratado de explorar a fondo la decisión final –que en realidad fue decisión tomada desde hace meses–; varios han dicho que se trató de la declaración a todo un país de que el régimen cambiará, que el sistema que privilegiaba a unos cuántos no será la constante los próximos seis años y que la cancelación del aeropuerto es el golpe final a la corrupción del sexenio de Peña Nieto.

El propio López Obrador lo repitió hace un par de días: “No permitiré la corrupción de nadie. Que se acabe el huachicoleo arriba y abajo, esto tiene que ver con la confianza que se les dé a los ciudadanos y con el compromiso de todos de portarnos bien (…) Ya los contratistas e inversionistas han pedido hablar con nosotros. Vamos a tener acuerdos y nos vamos a entender sobre la base de que estamos iniciando una etapa nueva sin corrupción e impunidad, porque ese es el cáncer que está destruyendo al país. Si acabamos con ello, México se va a convertir en una potencia”. He ahí el génesis de una lógica que no dejaba otra salida que la cancelación de la obra más trascendente del sexenio que se va.

La única razón que veo para tomar una decisión que ha tirado los mercados y que ha puesto al peso frente al dólar como al inicio de la era Trump, es la ganancia del compromiso de una nueva forma de hacer negocios con el gobierno que viene. ¿A qué me refiero? Cortar de raíz un proyecto de ese tamaño con manchas de corrupción es el mensaje de que no volverá a suceder. Decapito un proyecto de 13 mil millones de dólares y lo grito al mundo para darles la certidumbre de que se acabaron los moches, las licitaciones amañadas y el amiguismo como único método de selección de grandes contratos. ¿Qué significa decirle a una trasnacional que a partir del 1 de diciembre el margen de corrupción se reduce a cero, o decirle que nunca más se harán contratos en lo oscurito? He escuchado a decenas decir que no era la forma, que podía ser menos radical, “limpiar” el proyecto y seguir su construcción, pero si algo ha mostrado López Obrador es que la prudencia y los matices no son características de su forma de tomar decisiones, era todo o nada, él se decidió por el nada y no hay vuelta atrás, su máxima responde a la teoría del “fruto del árbol envenenado”.

Y es que al margen de los beneficios económicos y empresariales con los que todos midieron el NAIM, para el que se ostenta como el Presidente de la cuarta transformación pesaron mucho más las múltiples caras de la corrupción que mostró el proyecto. Tres ejemplos:

1. La organización México Evalúa mostró que el proyecto del NAIM ascendió de 169 mil a 180 mil millones de pesos (y ahora se habla de un costo de 210 mil millones de pesos), sin que existan los elementos presupuestales y evaluaciones claras para sustentar este sobrecosto.

2. Un sobrecosto del 89% de la barda perimetral y que ésta se levantó sin tener un proyecto ejecutivo. Fue construida por la Sedena y empresas fantasma estuvieron involucradas, tal como detalló al Auditoría Superior de la Federación.

3. El señalamiento de que era el propio Gerardo Ruiz Esparza el presidente del Consejo de Administración de Grupo Aeroportuario, encargado de la administración del NAIM. ¿En serio no brincó el conflicto de interés?

No trato de justificar la decisión de la cancelación, sólo trato de comprenderla a partir de sus palabras. Hemos caído ya en una dinámica donde ha dicho tantas veces López Obrador que va a acabar con la corrupción, que hoy por hoy ya suena a discurso vacío; no lo es, al menos eso fue lo que rigió la decisión final.

Todo hubiera sido más fácil si lo hubiera comunicado así desde el principio y no hubiera hecho una consulta donde nadie decidió y le dio atole con el dedo a sus votantes; nadie tiene la certeza de cuántos y cómo votaron, aún no se sabe por qué pusieron las casillas ahí; en fin, ya lo dije, qué necesidad de joder una decisión tan trascendente con una “consulta”, cuyo resultado fue “lo que dicta el pueblo”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.