Ahí viene el TERCERO
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Ahí viene el TERCERO

COMPARTIR

···

Ahí viene el TERCERO

08/06/2018

Ante lo incivilizados de nuestros candidatos, ayer fueron aprobadas las “reglas de civilidad” del próximo debate presidencial, que se llevará a cabo el próximo martes 12 de junio en la ciudad de Mérida. Para este ejercicio, el Instituto Nacional Electoral siguió con la tendencia de romper viejos formatos y apostar por algo distinto; éste dará importancia a la voz de las redes sociales y los cuatro candidatos con los tres moderadores (Gabriela Warkentin, Carlos Puig y Leonardo Curzio) compartirán una mesa redonda, cuatro de un lado y tres del otro.

Esta es la tercera y última oportunidad de los presidenciables que están en segundo y tercer lugar para intentar dar un golpe de timón tan contundente que logre lo que en seis meses y medio no lograron: eliminar la amplia y aparente irreversible ventaja en intención de voto que el puntero morenista ha mantenido in crescendo desde el día uno. Es una hazaña que se antoja poco probable, pero nada se acaba hasta que se acaba.

El tiempo estimado de duración del debate es de 1 hora con 53 minutos y habrá seis grandes temas: crecimiento económico, pobreza y desigualdad, educación, ciencia y tecnología, desarrollo sustentable y cambio climático y, por último, salud. Suena a una tarea casi imposible siquiera esbozar una idea clara, ni siquiera pensemos en una propuesta elaborada para resolver los problemas a los que se enfrenta México en estos temas, sin embargo, se hará el esfuerzo, habrá que sumar el tiempo ocupado en descalificaciones, que no será poco.

Con este escenario se han puesto reglas claras. La primera y la que más se discutió entre los partidos fue el contacto físico, ninguno de los candidatos podrá levantarse de su asiento sin importar que estén haciendo uso de la voz, o no, para aproximarse a sus rivales, así que Anaya acercándose a López Obrador quedará como un recuerdo del segundo debate, y un Bronco queriendo que todos firmen una hoja, como ocurrió en el primer debate, no podrá suceder; todos sentados y sin moverse de sus sillas, aunque habrá que decir que el contacto será evidente por la dinámica de la mesa de diálogo. Está prohibido levantarse de su asiento, pero no estirarse en su silla; creo que la confrontación será mucho más directa con este formato.

Aunque es cierto que estas escenas son aquellas que más quedaron en la mente de los espectadores de los primeros debates, también es verdad que dado que el objetivo principal de estas emisiones es la de conocer las propuestas de los candidatos, limitarles la oportunidad del show y ceñirse a un formato que les obligue a responder las inquietudes de los votantes, es positivo.

La segunda regla de civilidad es la de la vestimenta: a pesar de tener una temperatura en exterior de 28 grados a las 9 de la noche, hora del debate, los candidatos no podrán usar guayaberas, deberán usar traje formal, sin embargo, el calor no será una preocupación que los distraiga porque habrá aire acondicionado.

Otro de los puntos acordados es la NO utilización de tablets, celulares o apoyos visuales mientras los contrincantes realicen alguna intervención.

Si algo ha caracterizado esta campaña es el uso de redes sociales. Los posibles votantes ya no son pasivos que sólo reciben un mensaje y lo creen o no, así que la dinámica de este último ejercicio de “contraste” en la que se incluyen preguntas enviadas por redes, será uno de los sellos de la innovación que el INE pretende imprimir.

Este tercer debate será el último respiro para los que actualmente están entre 15 y 30 puntos abajo del puntero López Obrador, de mostrar que tienen algo distinto que aún no han enseñado como el as bajo la manga para convencer del voto. De no lograrlo, a 15 días de los cierres oficiales de campaña, ese martes, después de las 12 de la noche, la frase de “este arroz ya se coció” será más una certeza que una frase optimista.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.