Amenaza robótica en la carrera armamentista
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Amenaza robótica en la carrera armamentista

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Amenaza robótica en la carrera armamentista

06/08/2018

Ya se lo contaba en este mismo espacio: el nuevo campo de batalla es digital. Hace tres días, Elon Musk -cofundador de PayPal, Tesla Motors, SpaceX y OpenAI, entre otros-, así como Jaan Tallinn, el cofundador de Skype, y Stuart Russell, colega, y uno de los máximos expositores de la IA, firmaron un manifiesto público en el que se comprometieron a no participar ni apoyar el desarrollo y uso de armas letales autónomas.

Ese documento también lo suscribieron tres fundadores de Google, junto con 160 organizaciones y 2 mil 460 personas de 90 países. No se emocione, el mismo Albert Einstein se declaró pacifista en varias ocasiones y participó en protestas contra actos belicistas, sin saber para qué se usarían sus teorías.

Sin embargo, debo afirmar que es más decorativo y políticamente correcto que efectivo. El documento presentado es un cúmulo de buenos propósitos que no “tiene dientes”. No es una regulación. No hay incentivos hacia las prácticas correctas, ni castigos para todos aquellos que rompan las reglas. Por otra parte, ¿cómo podría haber reglas, si tampoco existe un organismo que regule la actividad tecnológica, y específicamente la inteligencia artificial?

Estamos frente a una nueva carrera armamentista, que esta vez se basa en la tecnología y no en armas químicas o nucleares. Mientras se hacen estas declaraciones públicas, diversos grupos de interés se preparan para herir y defenderse en las batallas digitales, léase Estados Unidos, China, Israel, Corea del Sur, Rusia y Reino Unido.

Ocurre como con el cambio climático: ¿quién suscribe los acuerdos? En su momento, a Obama le costó trabajo firmar, finalmente lo hizo, y Donald Trump los desconoció poco después. En el caso de la regulación tecnológica y la IA, ¿solamente las empresas tecnológicas se adherirán a ellos?

Vayamos un poco más lejos. ¿Qué hará el crimen organizado con las armas digitales? Terroristas, defraudadores, paramilitares y traficantes de todo tipo de ilegalidades están reclutando gente para encaminar estos recursos hacia sus propios fines usando IA.

Durante la Guerra Fría y la amenaza nuclear, al menos podía rastrearse a los compradores de uranio, que iban dejando su huella radioactiva. Pero hoy, cualquier mafia organizada puede estar armando ejércitos de IA, poderosísimos, en un sótano indetectable.

Se agradecen los pronunciamientos en contra de la generación de sistemas de armas autónomos, pero es urgente darse cuenta de que son insuficientes. En la estricta regulación de la IA y la vida humana estamos a punto de pasar la línea del “ahora o nunca”. Si gobiernos, científicos y tecnólogos no proceden, unánimemente y pronto, estaremos en serios problemas. La guerra no tiene ética.

*Fundador y Presidente del Consejo de Metrics

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.