Opinión

Jano y el PRI

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Enriqe Peña Nieto. (Cuartoscuro)

1.- No hay un solo PRI. Ni por denominación (PRM, PNR) ni por función. Lo cierto es que siendo el partido del presidente siempre ha tomado el color del sexenio. Pero, aún así, se puede hacer una taxonomía: el partido del cambio contra el partido conservador (restaurador).

2.- Bajo Echeverría, el PRI fue el instrumento de la reconstitución, restauración, del partido dominante. Se utilizó la represión, pero también la cooptación.

3.- Bajo Miguel de la Madrid, Salinas de Gortari y Zedillo el PRI fue reformador, en diferentes grados y circunstancias. De forma tal, que los priistas recalcitrantes, los defensores del nacionalismo revolucionario, lease estatistas y proteccionistas, se reorganizaron en el PRD.

4.- Entre esos dos tipos, hay un tercero: el de la orfandad. Al entregar la presidencia de la República, el partido perdió el eje y liderazgo que le daban rumbo. Los gobernadores ganaron poder y se produjo una balcanización.

5.- Soplaron, entonces, vientos conservadores. El partido que había impulsado la entrada de México al GATT, el TLC y las reformas políticas, que abrieron cauce a la alternancia y el pluralismo, se volvió un valladar para impedir una reforma energética de gran calado e impulsó una “reforma electoral”, que atentó contra la autonomía del IFE y la libertad de expresión.

6.- Paradoja. La única forma de avanzar en la agenda de las reformas estructurales de segunda generación era el regreso del PRI a Los Pinos, siempre y cuando el presidente que tomara el poder fuese partidario de las mismas.

7.- Porque, de otro modo, no habría palanca de Arquímedes capaz de mover al partido en esa dirección. Baste imaginar qué habría sucedido si Josefina Vázquez Mota hubiera ganado la presidencia de la República: los priistas, envueltos en la bandera nacional, se habrían opuesto a las reformas energética, educativa y de telecomunicaciones.

8.- EPN encabezó la segunda oportunidad del PRI. Tres fueron los soportes de su campaña: nosotros sí sabemos cómo hacerlo; somos una nueva generación educada en la alternancia y aprendimos a competir en un entorno democrático; enarbolamos la bandera de las reformas que demanda el país para salir adelante.

9.- De los tres ejes rectores, únicamente el tercero resultó completamente cierto. Porque sólo un presidente priista, que restaurara la disciplina y terminara con la balcanizacion, sería capaz de meter a los priistas al aro y hacerlos votar contra sus convicciones, prejuicios o ignorancia. Y así fue.

10.- Pero la habilidad técnica y política que presumieron y ofertaron no se ha concretado. En materia económica no sólo no hay resultados, sino que se aliaron con el enemigo histórico de las reformas estructurales para aprobar una “reforma” fiscal que golpeó negativamente a la economía.

11.- En materia de seguridad y justicia, el déficit es aún mayor. De entrada, porque nunca fue su prioridad o convicción. Sotto voce estaban convencidos que ni la seguridad ni el fortalecimiento del Estado de derecho eran objetivos viables. En ambos casos adoptaron la vieja sentencia: si no puedes resolver el problema, adminístralo.

12.- En lo que respecta a democracia y libertad de expresión, el PRI de Peña Nieto tiene aliento restaurador. Bajo la consigna de reconstituir la autoridad y solemnidad de la investidura presidencial se ha presionado a los medios para modular su tono y sus mensajes, como dictan los usos y costumbres en el Estado de México e Hidalgo. Ese mismo temple se ha manifestado en la reacción (antibronco) para contener o entorpecer, violentado incluso la Constitución, las candidaturas independientes.

13.- Dos caras tiene Jano: una, mira al pasado; la otra, al futuro. EPN cumplió su palabra. Impulsó y sacó adelante la segunda generación de las reformas estructurales. Sólo él podía hacerlo. Pero en el resto, el PRI no es un viento renovador.

14.- Esa dualidad explica, al menos en parte, la desconfianza con que la mayoría de la población mira al PRI, cuyo piso electoral está entre 28 por ciento (2006) y 29 por ciento (7 de junio). Porcentaje alto si se compara con el PAN (20 por ciento) o el PRD (diez por ciento), pero bajo si se refiere al 70 por ciento que está en contra. Números, sin duda, complicados rumbo a 2018.

Twitter: @sanchezsusarrey

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