Opinión

Jalisco, la hora de la PGR

Vienen muy importantes proyectos federales para Jalisco, y la muerte del diputado Gabriel Gómez Michel debe despejar, a la brevedad posible, las dudas que pueda haber sobre la seguridad en ese estado.
El caso es extremadamente difícil, pues no existían motivos visibles para su asesinato.

Cuando hay cosas turbias en la biografía o las amistades de la víctima, lo aconsejable es aguardar el resultado de las investigaciones. Pero este no parece ser el caso del diputado Gómez Michel.

Por lo visto se trata de un hombre limpio, apreciado por su labor humanitaria, asesinado artera y cruelmente entre Jalisco y Zacatecas.

Todos quienes lo conocieron hablan bien de él. Todos los partidos representados en San Lázaro han tenido expresiones públicas de apoyo hacia su familia y de respeto a su memoria. No ha habido regateo partidista en el pésame brindado a sus deudos.

El líder de los diputados del PRI, Manlio Fabio Beltrones, acudió al sepelio en La Grulla, y no se ha oído una sola voz que alerte sobre malas compañías del legislador, que hagan pensar en una lucha entre fuerzas del bajo mundo.

La Procuraduría General de la República y el gobierno de Jalisco tienen que hacer todo lo que esté a su alcance para dar con los asesinos y con los móviles del crimen. Su resolución va a marcar a la administración de Aristóteles Sandoval y la gestión de Jesús Murillo Karam.

Jalisco no se puede descomponer, por lo que significa para el país, y por los novedosos proyectos que, impulsados desde la Federación, se tienen contemplados para Guadalajara y la zona metropolitana.

En el diario Reforma se publicaron ayer una serie de hechos que podrían explicar lo sucedido. Gómez Michel le habría comprado hace un par de semanas la camioneta en que viajaba cuando fue secuestrado y asesinado, a otro legislador de su partido, Marco Barba.

Marco Barba es hermano de Alfredo Barba Jr., quien se desempeña como alcalde de Tlaquepaque, y ya había sido secuestrado en una ocasión.

La Fiscalía de Jalisco, por su parte, acusó directamente a la Policía Municipal de Tlaquepaque de actuar de manera negligente luego del secuestro del legislador, pues “las unidades que llegaron no hicieron una investigación adecuada y no le preguntaron a la gente que estaba en el lugar”.

Además, actuaron de manera tardía: 40 minutos después de que las cámaras de seguridad registraran el secuestro del diputado Gómez Michel.

Pero casi todas las policías suelen actuar de manera negligente o tardía en los crímenes que ocurren en el país, por lo que la tardanza y la coincidencia con el municipio, Tlaquepaque, es sólo una hipótesis.

El punto está en que Jalisco y su población se encuentran en un contexto difícil. En buena parte, por lo que explicó ayer con gran claridad el colega Jorge Fernández Menéndez en su columna de Excélsior. Con la muerte de Ignacio Coronel, en ese estado dejó de haber un mando hegemónico en el mundo del hampa. En el sur, luchan el cártel Jalisco Nueva Generación y lo que queda de Los Caballeros Templarios. Y en la frontera con Zacatecas, disputan Jalisco Nueva Generación contra Los Zetas.

La situación es compleja y es dolorosa. Jalisco no se puede convertir en otro Nuevo León. En las manos del procurador Murillo y del gobernador Sandoval está que ello no suceda. Nada de impunidad.

Twitter: @PabloHiriart