A un viejo amigo
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A un viejo amigo

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A un viejo amigo

12/10/2018

Sí, el tabaco es la peste. Y sin embargo, ahí siguen: físicamente acorralados, en contra de toda legislación, del pensamiento social imperante, conscientes del daño físico al que se someten, un número considerable de ciudadanos resiste. ¿Es sólo adicción?

Y todavía hay fumadores por parejas que, después de hacerse el amor, encienden un cigarrillo compartido

Para los fumadores de mayor edad, que sin la información que hoy tienen los jóvenes empezaron a fumar jugando a ser adultos, el primer beso sabe a tabaco. Para muchos, el cigarrillo es el amigo leal que siempre estuvo ahí: cuando nació el primer hijo, cuando perdieron el trabajo, cuando llegó el divorcio... Dejar de fumar, sí, pero ¿y los actos que le acompañan?

El escritor catalán Josep Pla solía decir que sus Ideales, los cigarrillos que fumaba comercializados a medio liar, eran una herramienta para encontrar adjetivos, ¿qué habría sido de El cuaderno gris, su obra magna, sin el humo? Y todavía hay fumadores por parejas que, después de hacerse el amor, encienden un cigarrillo compartido. No es sencillo abandonar la significación de ese acto.

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Mapa intervenido con 729 quemaduras de cigarrillo. 50 cm x 77 cm

En el ‘primer mundo’, que lleva unos años de delantera hacia el abismo, cada vez más personas abandonan el hábito pernicioso y mueren solas. Solas eligen en el portal de IKEA el mueble que ‘necesitan’. En su coche, solas, se desplazan hasta el establecimiento, donde pagan, eficazmente atendidas por una máquina, en los cajeros automatizados. Tan bien diseñados, estos muebles suecos, que los puede montar una sola persona. En las sociedades que cuidan celosamente de la salud y la soledad de todos, a menudo el cigarrillo puede convertirse en el único compañero.

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Serigrafía digital sobre papel de algodón. 91.45 cm x 140 cm

En algunos lugares más ‘pobres’, más ‘subdesarrollados’, el humo puede ser de carne y hueso: la amiga que te acompaña a decidir el mueble en una pequeña tienda que no tiene portal web, el amigo que pone el coche para el traslado y, quizá, subir tres tramos de escalera con el subdesarrollado mueble –que ya viene montado– a cuestas. Para, quizá, al final, compartir una cerveza. Juntos.

Pero con el cigarrillo llega la muerte, sin duda. Paul Newman, uno de los más glamurosos fumadores, murió de cáncer de pulmón a los 83 años. Un final similar padeció Mario Moreno. Siempre con un cigarrillo entre los labios como su alter ego, Cantinflas. Murió a los 81, también de cáncer de pulmón. El antes citado Josep Pla, no pasó de 84 años de fumador por causa de un paro cardiorespiratorio. Todos ellos seguramente víctimas del infame ‘amigo’.

Nunca lo dejaron, no les dio tiempo.

Consciente de que el tabaco puede hacer tanto daño como sólo los amigos íntimos pueden, decidí apartarme de él. Pero, leal, como siempre fue, quise corresponderle con un viaje de despedida. Atravesamos juntos los EU por la mítica Ruta 61, desde la frontera con Canadá hasta Nueva Orleans. Ayudado por un GPS, dejaba constancia de cada ‘último’ cigarrillo encendido mediante una pequeña quemadura en un mapa. Al llegar al Caribe nos despedimos en silencio.

Ya en casa, calqué rojo sobre negro su retrato.

(Nunca dejé de fumar)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.