Todos pierden
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Todos pierden

06/11/2018
Actualización 06/11/2018 - 10:29

1. Pierde el país, que se queda sin aeropuerto. Lo más probable es que Santa Lucía ni siquiera llegue a construirse. No hay proyecto ni diagnóstico de funcionamiento. Y, de edificarse, enfrentará todos los problemas señalados por MITRE.

2. Pierde el Estado –como tal– porque se liquida una obra viable financieramente, que podría haber generado recursos para inversión social o productiva.

3. Pierden los más de 40 mil trabajadores que se quedarán sin empleo. Amén de los miles de empleos directos e indirectos que hubiera generado el nuevo eeropuerto en la zona.

4. Se pierden años de planeación. Santa Lucía, en cambio, carece de viabilidad técnica y el costo de 67 mil millones de pesos, de Jiménez Espriú, está deliberadamente subestimado; según el Colegio de Ingenieros Civiles de México, el costo real sería cuatro veces mayor, es decir, 217 mil 428 millones de pesos.

5. Pierde la zona de Texcoco, particularmente sus habitantes, que recibiría una fuerte inversión de recursos para el desarrollo en materia de infraestructura y generación de empleo.

6. Pierde el nuevo gobierno margen presupuestal porque tendrá que destinar 120 mil millones de pesos para responder por la cancelación de la obra, que eran un activo y no un pasivo.

7. Pierde la iniciativa privada y los fondos que invirtieron en el aeropuerto, incluidas Afore. Amén de la avalancha de demandas nacionales e internacionales que se prevé.

8. Se pierde confianza con la consecuencia natural: mayor presión sobre la calificación de la deuda.

9. Pierde conectividad un país que tiene una ubicación geográfica privilegiada, por la vecindad con Estados Unidos, y por los 11 mil kilómetros de costas en el Pacífico y el Atlántico.

10. Pierden las líneas aéreas que enfrentarán, en el mejor de los casos, tres parches a medio funcionar o, en el peor, la saturación cada vez mayor del tráfico aéreo en el Valle de México.

11. Pierde la industria del turismo, ya que la afluencia de visitantes fluye principalmente por vía aérea. Turquía, a contrapelo, acaba de inaugurar el aeropuerto más grande del mundo, que recibirá 90 millones de pasajeros y llegará a 200 millones en su etapa final.

12. Pierde AMLO credibilidad en el interior porque se había comprometido públicamente –como ha mostrado Gustavo de Hoyos– a continuar el proyecto si se concesionaba a la iniciativa privada.

13. Pierde AMLO respeto en el exterior porque, como lo ha advertido la prensa internacional, es una decisión irracional, y el timo de consultas populares –como base de la toma de decisiones– espanta a los inversionistas.

14. Pierde AMLO autoridad porque todas las opiniones calificadas de MITRE, OACI, ingenieros, asociaciones de pilotos y controladores, así como de las aerolíneas, fueron olímpicamente ignoradas.

15. Pierde AMLO porque muchos de sus votantes son moderados y no avalan semejante irracionalidad.

16. Pierde AMLO dignidad y respeto por haber armado una consulta ‘patito’ y dar un espectáculo lamentable, que además amenaza repetir e institucionalizar. Las argucias se hilaron como cuentas de rosario. Falsas promesas. Imparcialidad comprometida. Y contradicciones manifiestas: el ‘pueblo sabio’ decidió, no el presidente.

17. ¿Qué se ganó? Según AMLO, el manotazo. Pero, como dice el dicho, el caldo salió más caro que las albóndigas. La relación costo-beneficio, si es que existe, deja un saldo muy desfavorable para el presidente electo y su arranque de gobierno.

18. Una decisión donde todos pierden, incluso el responsable, no puede ser calificada más que como un gravísimo error. El expresidente Felipe González declaró, en alguna ocasión, que la cuestión no era equivocarse, sino corregir inmediatamente.

19. Lo deseable y lo mejor para todos sería que AMLO enmendara el yerro. La forma más simple sería licitar la construcción, para realizarla con recursos privados, y luego concesionar la operación, como se había prometido.

20. La otra alternativa es, como ha sugerido Gabriel Quadri, realizar una consulta popular constitucional, con carácter vinculante, que sea impulsada por un tercio de los senadores o los diputados, o por el 2 por ciento del listado del padrón electoral, es decir, dos millones de firmas.

21. Aún hay tiempo. O, en todo caso, no hay peor lucha que la que no se hace.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.