Seguridad y Fuerzas Armadas
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Seguridad y Fuerzas Armadas

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Seguridad y Fuerzas Armadas

11/09/2018

En teoría, hay dos formas de sacar a las Fuerzas Armadas de las calles: una, creando y desarrollando policías profesionales, capaces de enfrentar la delincuencia. De manera tal que la Marina y el Ejército regresen a sus cuarteles.

La otra fue descrita por AMLO en Monterrey: “Vamos a reconvertir estas instituciones para que sean para la seguridad interior y la seguridad pública. Lo que se necesita es que no haya robos, asesinatos, extorsión, secuestros. Son 240 mil del Ejército, 40 mil de la Marina”.

La reconversión a la que se refiere el presidente electo equivale a desaparecer el Ejército y la Marina, tal como existen. Su formación, organización y funcionamiento son para garantizar la seguridad nacional. Rediseñarlos para labores policíacas desnaturalizaría su esencia.

Como quiera que sea, la propuesta de AMLO tiene varios anclajes:

1) México, por su ubicación geográfica, no enfrenta riesgos de integridad territorial que puedan ser conjurados por las Fuerzas Armadas. Al norte, porque la disparidad es absoluta. El país entero podría ser invadido y el Ejército y la Marina neutralizados en cuestión de horas o de días. Al sur, ni Belice ni Guatemala, por su extensión territorial y poblacional, representan una amenaza real o potencial.

2) Hay, sin embargo, una crisis de violencia e inseguridad que se ha venido agudizando desde el sexenio de Ernesto Zedillo hasta llegar a los niveles sin precedentes de este gobierno.

3) A lo largo de estos treinta años, no se ha logrado forjar ni corporaciones policíacas eficaces ni un sistema de impartición de justicia que castigue a los delincuentes y elimine los altos índices de impunidad.

4) El razonamiento de AMLO tiene sentido en el contexto de lo que ha venido planteando: responder con medidas extremas al deterioro cada vez mayor, pero recurriendo a los recursos existentes: 280 mil efectivos que estarían subutilizados.

La propuesta es excéntrica y tiene un alto grado de dificultad. Enumero:

a) Los países que no cuentan con Fuerzas Armadas son todos muy pequeños, siendo el más grande Costa Rica.

b) La principal oposición provendría de las propias Fuerzas Armadas, que verían la iniciativa como algo ajeno a su esencia y funciones.

c) Una reconversión de esa naturaleza llevaría muchos años y el éxito sería incierto. O, incluso, podría derivar en una remodelación de fachada y militarización de facto.

La cuestión está en que si esa no es la salida, la tarea de forjar policías profesionales debe abordarse de manera distinta a lo que se ha hecho en los últimos treinta años.

Los tropiezos durante ese periodo tienen explicaciones políticas, pero también de diseño y funcionalidad. Las policías municipales son el eslabón más débil de la cadena, porque son cuerpos pequeños, mal pagados y mal equipados.

Es cierto que existen excepciones, fundamentalmente en los centros urbanos. Pero esos casos, dada la extensión e integración de las zonas conurbadas, también cuestionan la corporación municipal, que podría ser integrada en una sola policía metropolitana.

Las policías estatales están mejor equipadas y pagadas, pero también están en serias dificultades, como lo demuestra el hecho de que el 86 por ciento de sus integrantes no cuenta con el Certificado Único Policial.

Y en lo referente a la Policía Federal, sin duda la mejor pagada y capacitada, también hay problemas que requieren mayor rigurosidad en la selección y formación de sus integrantes.

Si ese panorama es cierto, se debe concluir: primero, que la reconversión de las Fuerzas Armadas no es un paso para resolver la crisis de inseguridad.

Segundo, que hay que ir directamente a la instauración de un mando único en los estados, creando un solo cuerpo para superar la fragmentación y debilidad de los mandos municipales.

Tercero, que la Policía Federal debe ser fortalecida en número de efectivos, calidad y capacitación.

En suma, el próximo gobierno tiene dos opciones reales: el mando único en los estados aunado al fortalecimiento de la Policía Federal o, de plano, optar por una sola policía nacional, bien formada, pagada y capacitada.

Sobra decir que ninguna de las opciones anteriores es perfecta. Pero cualquiera de las dos requiere tres ingredientes fundamentales: muchos recursos, voluntad política y perseverancia. No hay atajos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.