Compañeros de ruta
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Compañeros de ruta

29/05/2018
Actualización 29/05/2018 - 10:50

Se puede estar a favor o en contra de AMLO, pero no se puede negar que ha hecho una campaña exitosa.

Las encuestas registran su ascenso nacional y local.

La tesis central es que ya cambió. Atrás quedó el hombre rijoso o presuntamente intolerante. A lo que se añade que jamás fue un peligro para México. Felipe Calderón sería el autor de ese engaño que nunca tuvo sustento real.

Simultáneamente, el candidato de Morena machaca tres temas centrales: PRIAN, mafia en el poder, corrupción. Los repite como un mantra. De ahí no se mueve. Ni siquiera en el debate. Se trata de una plataforma pobre, cuya propuesta central es echar abajo las reformas estructurales.

En este proceso electoral, sin embargo, hay dos elementos nuevos a subrayar: la ambigüedad deliberada de AMLO, en cuestiones centrales, y los compañeros de ruta (notablemente Alfonso Romo y Tatiana Clouthier).

El éxito de AMLO ha dependido también de sus opositores. Ha cometido errores y excesos que indican que no ha cambiado: la amenaza del tigre en la convención bancaria, los cinco empresarios señalados como corruptos y transas, el nombramiento de Ebrard como auditor de los contratos del aeropuerto, la postulación de Napito al Senado, etcétera.

La cuestión es que ni Anaya ni Meade han hecho spots subrayando esos errores y excesos. En lugar de evidenciarlos, Anaya se promueve personalmente y Meade, ocasionalmente como en el tema de la alianza con la CNTE, pone el dedo en la llaga.

Hay que agregar que el conflicto entre Anaya y Meade, para ubicarse en el segundo sitio, se convirtió en una guerra sin cuartel, cuyo principal y único beneficiario ha sido López Obrador.

Dicho todo lo anterior, cabe preguntarse si efectivamente AMLO cambió. ¿Cómo saberlo? Muy simple: la prueba de fuego de un demócrata es reconocer la derrota cuando pierde. López Obrador no la pasa. Si no triunfa el 1 de julio clamará fraude y desconocerá el resultado. Es el mismo de siempre.

Correlato: Si AMLO ha sido y será incapaz de reconocer la derrota siendo candidato, ¿por qué admitiría un resultado electoral adverso siendo presidente? Y algo más: ¿Por qué descartaría la reelección si está convencido de que él, y sólo él, es la solución de todos y cada uno de los grandes problemas nacionales?

El otro punto relevante es qué hará si gana la presidencia de la República. Al respecto, ha sido deliberadamente ambiguo. Aeropuerto no, pero sí. Reforma educativa sí, pero no. Y con la joya de la corona ocurre lo mismo: sí derogaré la reforma energética, dice en un mitin, pero sus compañeros de ruta sostienen lo contrario.

Así que, a final de cuentas, no es seguro qué hará. Pero esta percepción, deliberadamente alimentada, es una estrategia de campaña. No la utilizó en 2006 ni en 2012. La razón es que, aunque AMLO no cambió, sí aprendió que la moderación y la ambigüedad le son útiles.

En referencia a Trump, muchas veces subrayó: no hay que preocuparse, porque una cosa es lo que se dice en campaña y otra cómo se gobierna. Y de eso justamente se trata: se muestra moderado y ambiguo para conjurar el miedo, pero ya en el poder será tal cual es. Más aún si, como anticipan las encuestas, obtiene mayoría en el Congreso.

Me concentro en la reforma energética. A 80 años de la expropiación petrolera, Cuauhtémoc Cárdenas señaló que se deben echar atrás los cambios a los artículos 25, 27 y 28, para que los hidrocarburos y el servicio público de electricidad vuelvan a ser estratégicos y de gestión exclusiva del Estado.

Añado lo que todo el mundo sabe. Cárdenas tiene autoridad moral sobre el conjunto de la izquierda y ha declarado que votará por quien abrogue la reforma energética. El PRD, por su parte, jamás la avaló. AMLO coincide por convicción y formación con todos ellos. ¿Por qué entonces habría de traicionar sus principios, promesas de campaña y su entendimiento con Cárdenas y los perredistas, que podrían sumarse a su gobierno?

En suma, si gana será consistente con su biografía y convicciones. Cuando así sea, los compañeros de ruta se darán cuenta de que no es lo mismo hacer campaña que gobernar. Y que el presidente es uno, y los miembros de la corte muchos, pero todos descartables.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.