3 para las 12
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3 para las 12

19/06/2018
Actualización 19/06/2018 - 9:25

En la reunión que –presuntamente– sostuvo Peña Nieto con un grupo de empresarios, se lavó las manos: ni Meade declinará a favor de Anaya, ni intervendré en la elección. La segunda frase la ha repetido públicamente. Y el mismísimo AMLO ha dado fe de que el presidente está actuando correctamente.

El problema está en que sí ha intervenido en el proceso, mediante la ofensiva de la PGR contra Ricardo Anaya. Fue evidente en las intercampañas y ahora, en la recta final, se ha recrudecido. Resta ver si se llega al extremo de indiciar a Anaya para sacarlo de la contienda en el último minuto.

El objetivo, sin embargo, se ha malogrado: ni el candidato del Frente se ha desplomado ni Meade ha repuntado. La consecuencia real ha sido la consolidación de AMLO como puntero. De ahí el reconocimiento que ha hecho el candidato de Morena al presidente, amén de confirmar que no lo someterá a investigación.

Por otra parte, el proceso electoral está a 3 para las 12, y Anaya y Meade se enfrentan a una disyuntiva y un futuro negro si pierden la contienda.

Anaya ha logrado sobrevivir a la ofensiva, pero es un hecho que López Obrador lleva una ventaja relevante. Sin embargo, en el entorno del candidato del Frente se señala, con razón, que los altos índices de no respuesta y de indecisos confirman que nada está definido.

Pero dicho y aceptado lo anterior, es imposible negar que la campaña de Anaya ha sido errática y mala. Menciono un dato: después de haber aceptado públicamente que podría hablar con Peña Nieto para impulsar el voto útil, se desdijo y echó marcha atrás.

Añado un segundo elemento: Anaya ha concentrado sus baterías contra EPN. Pero es un hecho que él no está en la boleta y que el PRI enfrenta la elección más difícil de toda su historia. Nunca fueron el enemigo a vencer. A menos que Anaya –como algunos en su entorno cercano– considere que entre Meade y AMLO, es preferible optar por el segundo.

Si ese es el caso, debería hacer pública su preferencia porque la esencia del voto útil en esta elección es que el candidato de Morena representa el peligro mayor. De lo que no hay duda es que si Anaya pierde la elección será crucificado: primero, por la derrota; segundo, por la mala campaña; y tercero, por embarcar al PAN en el Frente.

José Antonio Meade aceptó, por su parte, una misión imposible. Y, como era previsible, terminó aprisionado entre la no militancia y su postulación por el PRI. La losa del desprestigio del partido en el gobierno ha sido demasiado pesada para él y lo hubiera sido para cualquiera. Simplemente no había manera.

De hecho, hay un cambio de prioridades. Ya no se trata de posicionarlo en el segundo sitio para que dispute la victoria. El objetivo es obtener el mayor número de diputados y senadores para convertir al PRI en el principal partido opositor.

Meade, si pierde la elección, no tiene futuro político alguno. El hecho de ser apartidista lo exonera de cualquier responsabilidad con el PRI, pero no lo libera del compromiso y la responsabilidad con este país.

Por lo demás, como mostró en el tercer debate, no tiene por qué responder por todos los excesos y corruptelas del gobierno federal. Y tampoco tiene por qué avalar todas las decisiones y opciones del presidente de la República en esta elección.

Contrapunto: La victoria de AMLO se traducirá irremediablemente en la desaparición del PRI. EPN ya ha decidido, al respecto, que París bien vale una misa. Los priistas deben, pues, hacer sus cuentas: con Meade a ciegas, hasta la derrota, o un voto diferenciado por Anaya para la presidencia y otro por los candidatos a senadores y diputados del PRI.

Meade, por su parte, debe asumir que tiene una gran responsabilidad y obligación con México. Porque todo el mundo sabe dónde y cuándo empieza un régimen populista, pero nadie sabe cómo y cuándo termina.

Todo esto para decir que tanto Meade como Anaya tienen puntos de convergencia que deben reconocer. A final de cuentas, el voto útil es el que puede dar el empujón definitivo para derrotar a López Obrador. Anaya, Meade y los priistas tienen la llave. Aún hay tiempo para que alcancen un acuerdo.

Remache: Vale tener presente que la caída de Rajoy y el ascenso de Pedro Sánchez en España ocurrió en menos de una semana. Cuando hay claridad, responsabilidad y oficio político, sí se puede. ¿Hay?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.