La incertidumbre
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La incertidumbre

25/06/2018
Actualización 25/06/2018 - 14:07

¿Podremos procesar la incertidumbre que enfrentaremos entre el próximo 1 de julio y la primera semana de septiembre, cuando el Tribunal Electoral (TEPJF) califique la elección presidencial? La falta de certeza sobre los resultados de una elección es propia de un régimen democrático en el que las normas y los procedimientos se conocen con claridad, pero no se sabe quiénes ganarán, porque está garantizada la competencia política. En democracia, la incertidumbre es manejable porque todos conocen las reglas de antemano y aceptan someterse a ellas; sin embargo, en un contexto de fuerte polarización como el que vivimos y con campañas volcadas a enlodar al adversario, será clave el modo en que se comporten los actores políticos y la manera como las autoridades electorales respondan a los dilemas que se les presenten durante los 40 días entre la elección y la calificación.

En este contexto, el primer reto para la autoridad electoral será que la elección se suceda en tranquilidad y que la violencia que ha invadido al terreno político no aleje al electorado de las urnas. A partir de que se conozcan los resultados del conteo rápido, el escenario más complicado será si el ganador no coincide con las tendencias que han mostrado las encuestas, pero, independientemente de quien gane, si el margen de victoria no es holgado –más de seis por ciento– será difícil despejar los nubarrones de las dudas sobre lo que de manera general e imprecisa se denomina fraude. Sin duda, el hecho de que eventualmente no gane el candidato del partido en el gobierno alimentará la confianza en el INE, pero todo ello debería ser circunstancial, si todos los jugadores asumieran que hay incertidumbre y se ciñeran a las reglas del juego electoral.

Las encuestas recientes sobre las preferencias ciudadanas más allá de la elección presidencial, hablan de la eventual conformación de un gobierno unitario con mayoría en el Congreso, así como de una recomposición de nuestro sistema de partidos, dado el avance de Morena y su potencial para erigirse en un polo atrapa todo para las demás formaciones políticas que quedarán debilitadas. ¿Sucumbirá el multipartidismo moderado que caracterizó a los veinte años de competencia en la postransición al arrastre de un nuevo partido con vocación de hegemónico?

Aunque seguramente el mapa político del país que resulte de esta elección no sea semejante al de 2006, cuando se dividió virtualmente entre el norte y el sur, porque el respaldo a AMLO parece haberse extendido a las diferentes regiones, la polarización existente requerirá tender puentes de entendimiento, lo cual dependerá no sólo de la actitud de los perdedores, sino sobre todo de los ganadores. Una interrogante adicional será si se mantiene viva para el ejercicio de gobierno la coalición de Morena-PT-PES, sobre todo considerando el carácter ultraconservador de este último.

Dependiendo de qué tan cerrados estén los resultados, la incertidumbre podrá acompañar a los 40 días posteriores a la jornada electoral, en los que se realizarán el cómputo oficial de los votos, la asignación de los cargos de representación y la fiscalización de las campañas políticas. En esta fase sabremos cómo quedan conformado el Congreso federal y el nuevo tablero político de nuestro sistema federal, pero la mayor tentación para el segundo lugar será identificar si se registra un rebase de tope de gastos de campaña, que por primera vez es una causal de nulidad para una elección. Es cierto que la ley exige ciertas condiciones para que esto suceda, como que el tope se rebase por más de cinco por ciento y que la diferencia en votos entre los dos primeros lugares sea menor a dicho porcentaje, pero la tentación de invocarla para impugnar un triunfo electoral estará presente.

En contextos complicados, en los que se vislumbran cambios importantes en el escenario político del país, de cara a las coyunturas de incertidumbre, será fundamental la manera como se comporten los distintos actores políticos. Un triunfo por un pequeño margen puede provocar un largo periodo litigioso que ponga a prueba la firmeza institucional y política de las autoridades electorales, en tanto que una amplia ventaja del puntero puede abrir un espacio para la arrogancia política, lo cual requerirá de una sólida oposición que no esté animada por la revancha, sino por una visión de mediano alcance.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.