Opinión

Jacobo, el del eclipse

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Jacobo Zabludovsky falleció a los 87 años. (Cuartoscuro/Archivo)

Tras la muerte de Jacobo Zabludovsky se destapó una catarata de espontáneos homenajes. Muchos colegas comparten desde ayer testimonios sobre su convivencia con un hombre y un periodista excepcionales. Fue un ser humano polifacético, un gran personaje, qué duda cabe.

Y sin embargo, tanta riqueza cultural, tanta vivencia, tanto dominio del oficio reporteril, incluso tanta generosidad de la que tantos dan cuenta
–incluido yo–, se eclipsa sin remedio con el Jacobo de 24 Horas, con el Jacobo que hizo a Jacobo ser Jacobo para todos los mexicanos.

Cómo conciliar que el hombre que narró mejor que nadie el derrumbe del 19 de septiembre de 1985 decidió no contar, en su privilegiado micrófono y con su cultivada destreza, a sus conciudadanos el otro derrumbe, el del sistema priista.

Su oficio lo llevó a entrar con los barbudos en La Habana en 1959, envidiable hazaña, pero no quiso hablar a los mexicanos de la revolución pacífica que emprendieron los antiguos panistas y diversos miembros de las izquierdas mexicanas, quienes por mucho tiempo y destacadamente en la década de los ochenta resistieron las mañas criminales del régimen en Chihuahua, en San Luis Potosí, en Sonora, en Michoacán… Le interesó narrar la caída de Batista, no las artimañas de los priistas.

La cultura del fraude electoral de México no se entiende, no se explica, no habría sido tal, sin la cerrazón de la televisión, de Televisa, y de su espacio estelar, de 24 Horas, de Jacobo Zabludovsky.

Ayer colegas destacaron su rigor periodístico, su profesionalismo. Quien al respecto esté libre de errores que tire la primera piedra, y más al hablar de un fallecido, pero es que de verdad cuesta trabajo escuchar eso que sus pupilos le reconocían ayer, y luego recordar que durante demasiados años eran otras las cosas de lo que se veía, y de lo que no se veía en la pantalla, en las pantallas donde él mandaba. ¿Vale algo el rigor periodístico que carece de compromiso social?

Fue un gigante del periodismo como Walter Cronkite. Sin duda. Pero no fue como Walter Cronkite, no se puso del lado del pueblo como sí lo hizo Cronkite en la guerra de Vietnam.

Cito al fallecido candidato presidencial Manuel Clouthier, que en mayo 18 de 1988 publicó: “En la caravana marchamos a solidarizarnos con el grupo de resistencia civil que protesta contra el programa 24 Horas por tendencioso y distorsionador de la verdad, por dedicar el 97 por ciento del tiempo a hacer apología del candidato del partido oficial y el 3.0 por ciento al resto de los candidatos. El pueblo se va enseñando a castigar socialmente a aquellos que por miedo o por interés atentan contra la información y distorsionan la convivencia humana. La resistencia civil es profundamente ordenadora, los que desordenan la vida social de los mexicanos son los que violan sus derechos humanos como son el estar informado y el respeto al voto ciudadano”.

Ese era también Jacobo.

Luego, tras dejar Televisa, hizo radio y dio cátedra. Nadie narró mejor, estoy convencido, el desafuero de Andrés Manuel López Obrador que Jacobo. Nadie. Pero ese es otro Jacobo.

Escucho a Katia D’Artigues decirle a Denise Maerker que Zabludovsky dejó listas sus memorias. Si se publican sabremos qué explicaciones se daba este sofisticado y gentil comunicador sobre cómo fue que decidió elegir el eclipse durante tantos años.

En una de esas comprendemos mejor su circunstancia, en una de esas descubrimos algo que nos ayude a colocarlo, con mediana justicia, en el lugar que verdaderamente le corresponda.

Falta su versión. Sí. Pero también sobran hechos.

Twitter: @salcamarena

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