Opinión

Jacinta, Alberta y Teresa, tres indígenas víctimas de la injusticia

03 marzo 2017 5:0
 
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Tras once años, PGR ofrece disculpa a indígenas ñañus

Nuestros hermanos indígenas, pobres entre los pobres, a pesar de haber sido los dueños de nuestras tierras antes de la conquista.

Nuestros hermanos indígenas, quienes preservan en muchos casos sus ancestrales usos y costumbres.

Nuestros hermanos indígenas, quienes en un porcentaje todavía elevado (arriba del 10%) no hablan español y la calidad de su educación es desastrosa.

Nuestros hermanos indígenas a quienes más que la pobreza les duele la discriminación de la que son objeto.

Nuestros hermanos indígenas, quienes sufren con mayor intensidad los fenómenos de discriminación, exclusión y marginación por parte del sistema de justicia.

Y todo esto se me viene a la mente al leer y escuchar a través de los medios la historia de Jacinta, Alberta y Teresa, indígenas hndhñú de Querétaro. que fueron injustamente encarceladas hace poco más de 10 años y liberadas recientemente al reconocer su inocencia la tristemente célebre Procuraduría General de la República. Su titular, Raúl Cervantes Andrade, pidió disculpas a las mujeres indígenas por haber sido detenidas y sentenciadas por un delito de secuestro que no cometieron. Según señalan los medios que cubrieron, las indígenas involucradas firmaron sus sentencias sin contar con un intérprete.

indispensable en las circunstancias, pues las mujeres involucradas no dominaban el idioma español al momento de los hechos.

La primera víctima en hablar fue Teresa “Hoy quisiera darle un mensaje a mujeres víctimas como nosotras que luchen, que no se queden calladas hasta que las autoridades las escuchen y la sociedad sepa la verdad y que sÍ se puede”.

Posteriormente se pronunció Alberta Alcántara, quien con un nudo en la garganta se dirigió al procurador general de la República, Raúl Cervantes: “Espero que no sea la última ni la primera disculpa pública; hay muchos mexicanos como nosotros, espero que sus colaboradores trabajen bien y con la disculpa pública no me va a devolver el tiempo perdido.”

Después vino el pronunciamiento de Estela Hernández

“Yo siento que sí hay mucha gente injustamente (encarcelada); decía un compañero, disculpe la palabra que voy a decir, pero así lo decía mi compañero, decía: ‘las cárceles se hicieron para los pendejos como nosotros que estamos aquí, no se hicieron para otras personas…’”

Y finalmente llegó el reconocimiento de la Procuraduría de su inocencia, veamos la de Jacinta. “Atendiendo a su petición, a usted Jacinta Francisco Marcial reconozco públicamente su inocencia, respecto de los delitos que se le acusó y por los que fue privada de su libertad, lo anterior en cumplimiento a la sentencia del 28 de mayo de 2014 emitida por un tribunal federal de Justicia Fiscal y Administrativa y en concordancia con la determinación del tribunal unitario del vigésimo segundo distrito”.

¿Cuántas Estelas, Teresas y Jacintas son víctimas de la injusticia que se ensaña con los más débiles en nuestro país?

¿Por qué hemos sido incapaces de reconocer la grandeza de nuestra cultura indígena y discriminamos a quienes emanan de ella?

¿Por qué seguimos sosteniendo en una parte significativa de nuestra sociedad ese absurdo pensamiento de que “el que más tiene, más vale:? Y me pregunto ¿Cuántos de los que más tienen lo han logrado a través de medios ilícitos?

Los grupos indígenas que conviven y forman parte de Sociedad en Movimiento son tan dignos como el que más y en lo personal, desde hace ya muchos años, me he sentido honrado con su amistad y cariño. Me llaman hermano, el hermano Alberto. Recuerdo a mi entrañable amigo y tocayo Alberto Simón, a quien Dios lo recogió prematuramente en Su seno, hombre de los pueblos originarios, con el que me fundía en un cariñoso abrazo cada vez que nos encontrábamos.

A mis ya largos 83 años vivo no sólo para el futuro, sino pleno de recuerdos del pasado. Y mis hermanos de los pueblos originarios forman parte de esos bellos recuerdos que alimentan la vida y la hacen placentera.

Mañana será otro día.

El autor es Presidente de Sociedad en Movimiento.

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