Opinión

IVA: el dilema que tendrán los priistas

25 febrero 2013 7:3

 
El PRI tendrá el próximo fin de semana una prueba de su capacidad de reformarse y operar el proyecto de cambios del presidente Peña Nieto.
 
Quedó en la historia del país como un icono la imagen de la 'roqueseñal'. Esa estampa se grabó durante la aprobación en el Congreso del incremento de 50% en la tasa general del IVA, en el primer semestre de 1995.
 
Aunque el entonces presidente del tricolor, Humberto Roque Villanueva, se ha cansado de decir que su ademán era el de una cuenta regresiva, en la memoria colectiva ya no se puede cambiar el significado de aquel -en apariencia al menos- soez festejo.
 
Pero, más allá de la anécdota, el incremento de la tasa general del IVA de 10 a 15% fue percibido por el priismo como la razón de las derrotas subsiguientes del partido que parecía invencible.
 
Perdieron la Jefatura de Gobierno del DF cuando el puesto fue de elección popular, la mayoría absoluta en el Congreso y luego la Presidencia de la República.
 
Por eso surgió una hiperreacción que condujo a que en los estatutos del partido se consignara el rechazo doctrinal al IVA en alimentos y medicinas.
 
Los economistas más avezados del tricolor, sin embargo, entendieron siempre la aberración que implica subsidiar a través de este tratamiento diferencial de impuestos a los sectores de menores ingresos.
 
Por eso no sorprende del todo que, 2 sexenios después, cuando un grupo reformista del propio tricolor ha llegado al poder, se pretenda borrar esa referencia.
 
¿Por qué digo que ese subsidio (o gasto fiscal, como se quiera denominar) es una aberración?
 
Porque para entregar un subsidio de 1 a los estratos de menores ingresos hay que otorgar 3 a los que están en los estratos más altos.
 
Sólo a manera de ejemplo, sumando el gasto realizado en productos que en su mayoría tienen tasa cero de IVA, como frutas, verduras, tortillas, carne, etcétera, el estrato de mayores ingresos gasta 2.79 veces más que los de menores ingresos, y esa es la proporción en la que recibe más subsidio.
 
Claro que no debe perderse de vista que la proporción que este tipo de alimentos representa en la canasta de gasto de los sectores de menores ingresos es mucho más alta y que por tanto aunque el subsidio es mayor para los más privilegiados en términos absolutos, es más importante en términos relativos para los de menores ingresos.
 
Ese es el gran dilema. Para quitar la tasa cero a alimentos y bebidas, pero no quitar el subsidio a los más pobres, debe crearse otra vía de entrega, que sea eficaz, y que provenga del gasto público y no de los impuestos. Por ello es que la reforma fiscal debe incluir una reforma hacendaria.
 
En las mesas de trabajo ya se acordó la reforma de los documentos básicos del PRI para que no incluyan explícitamente el rechazo a la generalización del IVA a alimentos y medicinas.
 
Aunque es de esperarse que esta posición que se alcanzó el viernes pasado sea la que prevalezca en la Asamblea priista del próximo fin de semana, no puede descartarse que persistan algunos impulsos del viejo PRI que mantengan en su memoria el efecto que tuvo sobre los resultados electorales el alza del IVA y que quieran una redacción que le cierre el paso a una hipotética generalización que para todo propósito práctico es un alza.
 
Ahora bien, debe quedar claro que una reforma hacendaria no puede limitarse a la eliminación de la tasa cero en alimentos y medicinas. La recaudación adicional que ofrecería sería del orden de 172,518 millones de pesos o 1.04 puntos porcentuales del PIB.
 
Y, lo que se requiere como ingreso adicional para los próximos años es al menos 3 veces más si se quieren financiar programas sociales y apuntalar la infraestructura del país.
 
El tema da para más. Regresaremos al punto.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx