Opinión

Italia fuera y un caníbal

Italia ha quedado fuera del torneo en la primera ronda. Si existiera la justicia, Gil afirmaría que se trata de una merecida derrota. El partido, una promesa incumplida, era esperado como un encuentro de poderes salvajes. Nada, el juego italiano pasará a la historia como una declaración de la mezquindad. El empate contra Uruguay era suficiente para pasar a la siguiente ronda. A eso jugó el equipo italiano, a empatar, o a un contragolpe en el cual Balotelli metiera un gol a campo traviesa.

Delgado y elegante, las manos en jarras, con un traje Zegna o Armani que podría modelar para una revista italiana de finísima impresión en papel couché del editor insufrible Franco Maria Ricci, Prandelli, director técnico de los azzurri, mandó a su equipo en una clásica formación defensiva: ocho atrás y que llore la Madona Sixtina. Trabado en el medio campo y con un balón del que nadie quiso responsabilizarse, en su mayor parte fue un partido infame al que tampoco Uruguay hizo los honores. Pirlo, el mediocampista finísimo de Italia ha conservado una mente de creación y ataque, pero es insuficiente para jalar la carreta defensiva de una selección que odia el ataque.

Buffon tiene 36 años y realizó al menos dos atajadas como si tuviera 23. Primero le sacó de los pies a Suárez un balón de gol y luego reaccionó felino a un contrarremate de Lodeiro. Más tarde revolvió el cuerpo en el césped para detener un tiro raso de Suárez. Los dioses de la ofensiva castigaron a Italia; primero, hechizaron a Claudio Marchisio y lo arrojaron con los tachones en alto sobre la pierna de Giménez. Marco Rodríguez lo echó del campo. Más tarde, en un tiro de esquina, Diego Godín remató con cabeza y espalda para hacer el gol que llevaría a Uruguay a los octavos de final.

A mordidas

El jugador uruguayo Luis Suárez mide un metro ochenta y pesa ochenta kilos, juega en el Liverpool y ha logrado fama no sólo por ser un delantero de fuste y fusta sino por hacer de la trapacería y la maldad sus instrumentos en la cancha. Para empezar, muerde. Sí, muerde, y fuerte, a sus rivales. Mordió en el brazo al defensa serbio del Chelsea, Ivanovic. En noviembre de 2010, Suárez mordió al jugador del PSV Eindhoven Otman Bakkal y lo suspendieron siete partidos. Gamés no tenía noticias de un caso de canibalismo de esta magnitud sobre el césped.

Al parecer, cuando Suárez desespera en el área chica rival, muerde. Durante el juego contra Italia, Suárez le tiró la tarascada a Giorgio Chiellini en una jugada desdichada para el defensa italiano, quien le mostraba a Marco Rodríguez, el árbitro mexicano, el hombro con la dentadura marcada, como si un perro policía lo hubiera atacado en el aeropuerto. El canibalismo jamás desmentido por la realidad, no es la única arma secreta de Suárez, el delantero charrúa fue suspendido ocho partidos y multado con 60 mil dólares por decirle “negro” a Patrice Ebra del Manchester. La FIFA nunca ha sancionado a un jugador obligándolo a usar un bozal, nadie sabe lo que ocurrirá en el próximo juego de Uruguay contra Colombia.

Un hallazgo

Hacía tiempo que Gil no veía a un centrocampista capaz de burlar en el medio campo a dos adversarios y luego trazar un pase con teodolito. Se llama Marco Verratti, tiene 24 años y es el nuevo creador italiano. Avanza en diagonales que le provocaron lumbago a la defensa uruguaya; Verratti va y viene con la libertad de un jefe, un estratega veterano; Verratti ve más que los demás y piensa antes que sus rivales. Pirlo al fin tiene un sustituto. Pertenece a la estirpe de Roberto Baggio, un joven mago de la zona encantada del campo, donde todo ocurre: la media cancha.

La máxima de Stanislaw Jerzy Lec espetó en el ático de las frases célebres: “Preveo la desaparición del canibalismo: el hombre está asqueado del hombre”.

Gil s’en va