Opinión

Israel en la FIL (y Palestina presente)


 
El aparatoso dispositivo de seguridad irrita a muchos. Es la jornada inaugural (30 de noviembre) de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Y hay razón de que exista tal molestia: soldados y policías a granel, agentes de seguridad de Israel, hoteles rodeados con vallas, lento el acceso por las revisiones.
 
 
Pero también para tales medidas hay razón. El país invitado de honor es Israel, y su presidente, Shimon Peres, está en Guadalajara.
 
 
Hay quien comenta que no hay por qué convertir una convocatoria cultural en un acto político.
 
 
No siempre, sin embargo, hay una línea divisora clara entre ambos mundos. La política va a dar a los libros y los libros a la política. Dos mundos en el mundo que lo abarca todo.
 
 
Será por eso que David Crossman, relevante escritor israelí, afirma: “Mi forma de enfrentarme a la vida es escribirla”. Y a un metro de distancia, Mario Vargas Llosa dice: “Escribir es una manera de actuar que permite enmendar, corregir, mejorar e incluso empeorar el mundo”.
 
 
Literatura y vida, vida y política, son todos mundos del planeta.
 
 
Y si Israel está en Guadalajara, es que los libros lo han invitado para que exponga su arte, su gastronomía, su visión, su cultura toda, en la que también se encuentra su situación política, sus conflictos, su largo desencuentro con Palestina.
 
 
Por eso, en el marco de la FIL, el expresidente español Felipe González habla de ello: “La paz no depende de un muro (el de Cisjordania), que paradójicamente recuerda a los guetos impuestos a los judíos”, y lanza un llamado: “El objetivo debe dejar de ser que (Israel y Palestina) se sienten a negociar; el objetivo tiene que ser que lleguen a un acuerdo.”
 
 
A su lado, Shimon Peres apuesta por la paciencia y la tenacidad: “Tengo 90 años, y cuando echo la vista atrás veo que conseguimos la paz con Egipto y Jordania. Ahora tenemos una oportunidad de lograrlo con Palestina… Israel es una isla política en un océano político. Tenemos que defender nuestra isla y tranquilizar el océano. Queremos más que nadie un Oriente Medio tranquilo, no queremos ver más sufrimiento ni hambre ni sangre en las calles. Si uno fracasa, hay que levantarse y seguir intentándolo. Al principio parecía inalcanzable, pero lo lograremos”.
 
 
David Crossman, que comparte afinidades intelectuales con Vargas Llosa, el infatigable promotor de la libertad, dice en la sesión con la que ambos escritores realizan la apertura del Salón Literario: “Los palestinos tienen derecho a tener su propio Estado libre e independiente. No queremos que nadie en el mundo viva con la sombra de otro. Tener paz nos va a dar un sentido de hogar.”
 
 
La literatura puede cambiar al mundo, sostiene el Premio Nobel peruano, que durante décadas ha reflexionado sobre la responsabilidad del escritor: ¿responsabilidad con su comunidad, con la humanidad entera, o sólo responsabilidad con su vocación? Hoy está convencido, y cuando recuerda a Jean-Paul Sartre parece darle la razón: sí, la literatura es más que el compromiso con la estética. Siguiendo el trazo de Vargas Llosa, apunto: la literatura es el compromiso con los valores que hacen al mundo vivible: la libertad, la justicia, la entrega a una vocación.