Opinión

Irak: la paz que nunca llegó

En marzo de 2003, una coalición encabezada por Estados Unidos invadió Irak para derrocar a Sadam Husein, con los argumentos de que contaba con armas de destrucción masiva, de que tenía vínculos con Osama bin Laden y de que oprimía a las minorías religiosas y étnicas del país (chiita y kurda, respectivamente). Poco después se comprobó que el regimen irakí no tenía dichas armas, ni relación con Al Qaeda.

Once años después de la invasión, Irak se encuentra en guerra civil, las violaciones a los derechos humanos se han agravado, y está en riesgo de caer en manos de un grupo extremista, el Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS), con el que incluso Al Qaeda mantiene distancia. Los políticos y funcionarios que ordenaron la invasión aún la justifican (en particular Blair y Cheney) y culpan al presidente Obama por haber ordenado el retiro de las tropas estadounidenses en 2011.

Sin embargo, ni la invasión de 2003 es la única causa del caos en Irak, ni la decisión de Obama de salir del país precipitó la crisis. Hay motivos religiosos y disputas sectarias que se remontan a la muerte de Mahoma (en el siglo VII dC), cuando sus seguidores se disputaron el liderazgo político y religioso y surgieron las dos corrientes principales del islam: los suníes y los chiitas. Por un lado, los suníes apoyaban como sucesor al suegro y amigo del profeta; por el otro, los chiitas deseaban que el elegido fuera un pariente consanguíneo: su primo y yerno.

Los dos grupos sabían que el sucesor del profeta controlaría las estructuras religiosas y el poder político sobre una amplia región geográfica. Con el tiempo, las diferencias se han acentuado. Ambos grupos comparten el Corán como libro sagrado y los rituales tradicionales del islam: la profesión de fe, la oración, el ayuno y la peregrinación a La Meca. Sin embargo, los suníes (mayoritarios entre los musulmanes) siguen las enseñanzas del profeta, mientras que los chiitas se rigen por las interpretaciones de imanes y ayatolas de los mandatos de Dios, lo que representa una herejía para los suníes. Hay también intereses geoestratégicos y una descomposición del equilibrio del poder regional que inició con la Primavera Árabe, como se muestra en Siria y en menor medida en Libia y Egipto. En Irak, durante la dictadura de Husein, hubo una coexistencia frágil entre ambas comunidades, pero que relegó y, en muchos casos, reprimió a la chiita.

Al desmantelar las estructuras políticas de la dictadura, la invasión propició el surgimiento de grupos radicales en las dos facciones y la llegada al poder de los chiitas. El ánimo revanchista de éstos provocó el extremismo entre algunos grupos suníes, que encontraron apoyo en ciertas esferas de Arabia Saudita y Qatar que recelaban del aumento de poder de Irán en la región. Uno de estos grupos fue precisamente ISIS, que ha aprovechado la guerra civil en Siria –y la porosidad de su frontera con Irak– para iniciar “la reconquista” de ese país e instaurar un califato. La velocidad y violencia con la que han tomado ciudades importantes del noroeste de Irak ha alarmado al gobierno irakí, al gobierno de Obama y a los de los países vecinos. El gobierno y la mayor parte de la población estadounidense se resiste a participar en una nueva intervención armada en Irak. Por el momento, el presidente Obama autorizó enviar 300 especialistas en inteligencia militar para apoyar a las fuerzas irakíes. Los republicanos critican duramente a la Casa Blanca, al considerar que es insuficiente. Sin embargo, las opciones de Obama son limitadas. La violencia se ha generalizado en Siria e Irak y una intervención militar directa podría emperorar la situación. La presión que ejerce sobre el primer ministro irakí para incorporar a suníes moderados en el gobierno es una salida posible, pero no desactivará a ISIS. Es el momento de la diplomacia y la negociación. Estados Unidos necesita advertir a sus aliados y enemigos de que los extremistas y la violencia en Irak pueden extenderse sin excepción a todo Medio Oriente.

La autora es internacionalista y exsubsecretaria de Relaciones Exteriores.