Opinión

Invirtiendo papeles, protejamos al Estado

 
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Bandera de México (Cuartoscuro)

Con frecuencia demandamos que el Estado nos proteja a todos.

En este espacio hemos reproducido la frase de Juan Jacobo Rousseau, en el sentido de que el Estado “debe proteger a cada uno con la fuerza de todos”.

Para algo cuenta con la suma de nuestros impuestos y con el monopolio de la legítima violencia.

Para algo periódicamente organizamos votaciones y decidimos quiénes deben gobernarnos.

Para algo le cedemos gran parte nuestro poder ciudadano, le reconocemos autoridad y nos sometemos a sus disposiciones.

¿Quién es el Estado? Todos, porque está constituido por el gobierno, las instituciones, la población, el territorio.

Pero como fuerza unificadora de la voluntad popular, el Estado está representado por el gobierno y las instituciones públicas.

Es a ese Estado al que solemos exigirle que nos brinde seguridad y orden. De lo demás, se asume, nos hacemos cargo nosotros.

Pero que el Estado actué con eficacia, entre otros ámbitos comunes, en materia de seguridad y justicia.

Eso exigimos todos.

Pero, visto bien, es mucho pedir.

Porque el Estado mexicano no es capaz de protegerse a sí mismo.

En los cinco años recientes, por ejemplo, la instalación y extracción clandestina de hidrocarburos ha sido creciente. En ese periodo, la delincuencia organizada le ha robado a Pemex (y por lo tanto a todos) alrededor de 48 mil millones de pesos.

No ha sido algo circunstancial o que apareció de pronto: en 2011 se detectaron 419 tomas clandestinas, en tanto que en 2014 la cifra ascendió a tres mil 674, y sólo en los primeros seis meses de 2015 a dos mil 593.

Está claro: el Estado no ha podido evitar que los delincuentes saqueen a su emblemática empresa paraestatal. Tan incapaz ha sido de impedir este saqueo, que Pemex decidió transportar por ducto productos no terminados y que la mezcla final se lleve a cabo en las terminales de almacenamiento. Una forma de claudicación.

Hace un mes, el diario Reforma publicó que, de acuerdo con un estudio de la Cámara Americana de Comercio y el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC), la delincuencia dedicada a la piratería comercializó en 2014 un monto de 43 mil millones de pesos, lo que, entre otros perjuicios, implica escamotearle al fisco alrededor de seis mil millones de pesos por concepto de IVA.

Durante años, y más acentuadamente en los últimos meses, la CNTE ha invadido, destruido, incendiado y bloqueado oficinas y caminos públicos, ha rapado a maestros que no se someten a sus designios, se ha opuesto a la reforma educativa en tres entidades y su dirigencia ha cobrado puntualmente desproporcionados salarios.

Apenas recientemente se detectó que el crimen organizado que opera en Reynosa instaló un amplio sistema de cámaras de video de alta tecnología para espiar los movimientos de las fuerzas militares y policiacas. Los delincuentes, supuestamente seguidos por la inteligencia contra el crimen, resultaron espías.

En mayo pasado, el cártel que impera en Jalisco armó 39 bloqueos, asesinó a militares y derribó un helicóptero del Ejército.

Y, ya se sabe, Joaquín Guzmán Loera escapó de la prisión de alta seguridad más sofisticada del país.

Resulta claro que el Estado no puede protegernos porque no puede protegerse a sí mismo.

Puesto que nuestro clamor no puede ser atendido, pensemos en lo opuesto y, los papeles ya invertidos, veamos cómo logramos entre todos proteger al Estado.

A ver cómo le hacemos.

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