Opinión

Inversión en estados y municipios


 
México atrajo 23.8 mil millones de dólares en inversión extranjera directa (IED) durante el primer semestre de 2013, de acuerdo a datos de la Secretaría de Economía. Si bien la adquisición del 50 por ciento de Grupo Modelo -por parte de la empresa cervecera global AB InBev- representó poco más de la mitad del dato de IED de este periodo, alrededor del 80 por ciento del resto de la IED se llevó a cabo en el sector manufacturero.
 
 
Cabe destacar que los cinco estados que recibieron más IED fueron el Distrito Federal, Chihuahua, Nuevo León, Coahuila y Estado de México, representando cerca del 82.3 por ciento del total ¿Qué hicieron estos estados para haber sido privilegiados con esos flujos de inversión que generan empleos directos? Preguntas como ésta y muchas más se plantean diariamente en México y aunque se saben ciertas respuestas generales, el tema se investiga poco.
 
 
En este sentido, la semana pasada (27 y 28 de agosto) Grupo Financiero Banorte organizó un evento titulado “Foro Banorte Estrategia México”, con el objetivo de sentar en la misma mesa a funcionarios públicos de estados y municipios, empresarios, inversionistas y académicos para abordar y discutir temas de desarrollo regional en México.
 
 
Además de las conferencias y paneles con formato “tradicional”, se organizaron tres sesiones simultáneas, en donde se discutieron los siguientes temas: (1) infraestructura; (2) ciudades competitivas, y (3) atracción de inversión. Si bien los tres rubros están intrínsecamente relacionados, tuve el privilegio de organizar la sesión de atracción de inversión. En este sentido se discutieron cinco subtemas relacionados a la atracción de inversión: (1) mano de obra; (2) seguridad; (3) clusters de industrias; (4) programas de apoyo gubernamental a empresas, y (5) trámites estatales y municipales.
 
 
Por un lado, como era de esperarse, la desburocratización de trámites gubernamentales y niveles de seguridad mínima encabezaron la lista de solicitudes de inversionistas y empresarios, así como de ofrecimiento de alcaldes, secretarios de fomento económico y gobernadores. Sin embargo, por otro lado, llamó la atención que en lugar de llevar a cabo críticas o detallar propuestas para mejorar o implantar programas gubernamentales de ayuda a empresas, los participantes se enfocaron más en tener reglas claras y procesos transparentes para operar, que en tener programas de apoyo.
 
 
En cuanto a la mano de obra, un tema recurrente fue la problemática para encontrar mano de obra calificada, que carece de sentido si volteamos a ver los altos niveles de desempleo y subempleo que experimenta el país. En este sentido, se enfatizó no sólo en mejorar los programas de estudio y ampliar la oferta de carreras de las universidades, sino en orientar dicha oferta hacia donde existe mayor demanda laboral -estatal y regional-, así como reasignar recursos hacia carreras técnicas y programas de certificación.
 
 
Por último, en cuanto a clusters de industrias, se destacó como primer punto no sólo la identificación, sino el aprovechamiento de las ventajas de la localización geográfica, incluyendo la especialización de la mano de obra del lugar para el desarrollo de los mismos. Asimismo, se enfatizó en la creación de sinergias entre gobierno, academia  y empresas para poder potencializar la vocación regional de cada cluster, en donde se pueda analizar e implantar una estructura vertical (insumo-insumo intermedio-producto terminado) y poder enfocar políticas públicas que impulsen el desarrollo de estos clusters.
 
 
Este es un primer paso, pero en la medida en que se impulse el desarrollo regional, el país podrá crecer a un ritmo más acelerado y con una mejor distribución de la riqueza. Esto es un exhorto para que ahora que en México se están aprobando reformas estructurales, los estados y municipios puedan beneficiarse del crecimiento que propiciarán estas reformas.