Opinión

Inversión educativa, focalización y honestidad

David Calderón.

Director General de Mexicanos Primero.

Twitter:@DavidResortera

www.mexicanosprimero.org

Desde Mexicanos Primero sostenemos que el gasto educativo no puede ser considerado un aspecto meramente técnico en el contexto de la revolución educativa que el país necesita. Es, en sentido estricto, inversión: no hay aplicación de los bienes públicos con mayor retorno económico -tanto para la prosperidad de los que alcanzan trayectorias completas y con logro de aprendizaje, así como para la sociedad en conjunto- que el presupuesto que se destina a educación. Pero con una doble condición imprescindible, inexorable: que se emplee con foco adecuado en lo prioritario y que se asegure la honestidad en su reparto y uso.

Nuestro gasto educativo no se ha diseñado ni aplicado, hasta ahora, de forma que favorezca el aprendizaje de las mayorías en forma sistemática y sostenida. Como hemos documentado, la proporción más voluminosa se va a sueldos y salarios. Uno de los economistas más destacados del país me dijo que más que pensar en una reducción, lo que en términos prácticos no es realista, debe ponerse la atención en “abrir el delta”: que la inversión en los otros rubros tales como infraestructura, procesos de innovación o formación continua crezca a una tasa mucho más rápida que la típica evolución de los sueldos. Así, en pocos años, la inversión educativa será más equilibrada, con porcentajes que se acerquen a un ideal 60/40, y no en el virtual 90/10 que tenemos en la actualidad.

Podemos tener un buen gasto. Ante cada partida, ante cada ampliación o reducción, la pregunta que insistentemente debe hacerse es: “Y esto ¿cómo favorece el aprendizaje de los niños y jóvenes?”. El diseño y el ejercicio del gasto debe confrontarse con la nueva redacción del Artículo Tercero Constitucional: “El Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”. Cada partida debería poder ligarse a uno o varios de los factores al servicio del aprendizaje; de no ocurrir así, no tendría propiamente razón de ser.

Por eso es tan buena noticia que en el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2015 se hayan destinado 9,500 millones de pesos para las Escuelas de la Reforma. Este programa está destinado a atender las carencias de las veinte mil escuelas más necesitadas, según quedó registrado en el Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (CEMABE), operado por el INEGI. Llama la atención que Hacienda sí haya tomado en serio los resultados de este histórico levantamiento en campo, como una forma de focalizar la distribución de recursos, mientras que muchos funcionarios de las secretarías estatales de educación y de la SEP misma han sido tan renuentes a conceder verosimilitud a los datos que tienen que ver con los maestros asignados a cada escuela, y presentes efectivamente en ellas.

El programa de las veinte mil escuelas ya recibió recursos desde este año en curso, 7500 millones de pesos, de manera que los resultados pueden, con esta focalización hacia lo prioritario –en este caso, la elemental prioridad de un espacio digno o al menos seguro para los niños y jóvenes, en “escuelas” que en su mayoría no tienen piso firme, techo que cubra de las inclemencias, baños o bebederos- continuarse en el tiempo, y no ser flor de un año. Además, otras grandes fortalezas del diseño es que los fondos tienen reglas claras, que los padres y el director definen necesidades y administran los fondos, y que se documentan los avances, el desempeño de los proveedores y el acompañamiento de la red de apoyo estatal.

Es un ejemplo claro de “abrir el delta”. Además del foco adecuado, no podemos olvidar la honestidad. Es un clamor de la sociedad mexicana, ahora más sentido que nunca, que el uso de los bienes públicos supere toda sospecha de desvío, favoritismo y depredación. Especialmente en la nómina magisterial, la situación es preocupante: la inequidad magisterial es descorazonadora, pues mientras hay maestros comprometidos y de entrega pedagógica heroica que cobran seis o siete mil pesos mensuales, hay otros que cobran en la nómina por diez o veinte veces más, sin ningún beneficio real para el aprendizaje de los alumnos del país. Esta misma semana regresaron, como un mal sueño recurrente, los indicios de corrupción en el manejo de la nómina a favor de los “cuadros” de la cúpula sindical de Nayarit, una denigrante práctica para el buen nombre de los maestros, y que se repite en diversas formas en Veracruz, en Tamaulipas y, en definitiva, con un incumplimiento permitido por las autoridades con respecto de notorias figuras del círculo central del SNTE y la CNTE, tan parecidos en esta desgracia infringida a la justicia y la decencia.

Tenemos que invertir con foco y con honestidad. El presupuesto y sobre todo el ejercicio del gasto educativo no está plenamente abierto al escrutinio desde la programación; no es accesible el proceso por el que se definen las prioridades o se cierran la negociaciones; no se rinde propiamente cuentas ni en la escuela, ni a nivel estatal, ni a nivel nacional, en formas útiles y relevantes para los padres y los demás ciudadanos. El gasto se vuelve opaco.

En el ejercicio de la inversión educativa todavía se favorece la simulación; no hay blindaje para todas sus cuentas; el desvío es una práctica cotidiana y recurrente; las sanciones no inhiben el fraude ni la concentración en quienes despojan, no hay corrección definitiva con medios judiciales oportunos y contundentes, porque no se denuncia, ni se inhabilita ni se castiga a culpables clamorosos: el gasto se vuelve corrupto.

¿Contemplaremos inermes la feria recurrente de oscuridad, depredación y desajuste? No; los ciudadanos tenemos que activarnos, con todos los medios comunicativos a nuestro alcance y con todos los recursos legales que nos brinda la democracia, para poner la correspondiente corrección. Foco y honestidad son cruciales, pero no brotan de la nada: hay que actuar.