Opinión

Internet en el condón

De acuerdo a Scott Overson, el director general de Intel en México, la revolución que vive el mundo actualmente y que se manifiesta cada vez más en lo que se conoce como el “Internet de las Cosas” será una de las tendencias que viviremos con mayor énfasis en materia de tecnología durante los siguientes años. ¿Cuánto tiempo para que tengamos el Internet de las Cosas por todos lados?, le pregunté ayer.

Cinco a diez años, respondió, ejemplificando que en el reciente Consumer Electronics Show de Las Vegas, su empresa mostró ropa de bebé conectada a Internet. Ropa que es capaz de medir la temperatura del niño; detectar si hubo micción; o si está dormido, y avisar de estas situaciones a la madre, quien puede estar del otro lado de la casa tomando un café… en una taza que también está conectada a Internet.

La discusión académica del Internet de las Cosas ha sido fuertemente auspiciada por las ideas estratégicas que provienen de los laboratorios del MIT. Algunas personas atribuyen su nacimiento a la conectividad de ciertos códigos de información hacia una base de datos remota, tal como ha ocurrido por décadas con el código de barras, o más recientemente con los llamados “QR Codes”, que son esos cuadritos que uno puede escanear con su teléfono inteligente y que te abren una página web o lanzan un video que te da más información del producto que tienes enfrente.

De acuerdo a empresas como Intel, el Internet de las Cosas significará una oportunidad de oro para que emprendedores de todo el mundo diseñen productos que traigan un microprocesador incluido y estén conectados a la red. Ya no estamos hablando nada más de aquella idea de un refrigerador con pantalla que avisa al supermercado los productos que escasean. Ahora la lata de atún podrá tener conectividad también, y darte información sobre su contenido, lugar de empaque u origen del pescado que te comes.

En realidad el Internet de las Cosas depende de lo que los emprendedores quieran inventar: cosas conectadas a la red. Google y Adidas hicieron historia hace un año al presentar en “South By” un par de tenis que se conectan a las redes sociales, y que envía a la red los datos de los movimientos y ejercicios que la persona realiza.

Pero en realidad esta tecnología puede aplicar a todo. Imaginemos, por ejemplo, un condón conectado a Internet, que pudiese dar cuenta de la firmeza de la erección de un individuo que duda si padece disfunción eréctil, y que envíe a la red datos sobre la presión de su torrente sanguíneo en la zona erógena. Esto le permitiría al médico prescribir un fármaco con mayor precisión en caso necesario.

¿Lejano escenario? No lo creo. Apple lanzó el primer iPhone hace apenas siete años.

Twitter: @SOYCarlosMota