Opinión

Inteligencia plástica

 
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PF en el AICM (Especial)

La ineficacia de los servicios de inteligencia del Estado mexicano tiene un origen genético. El ADN del sistema de poder: político, administrativo y judicial se ha transmitido generacionalmente en muy diversas modalidades a lo largo de la historia.

El “gobierno del cambio”, de principios de siglo ofreció –y tuvo la oportunidad de hacerlo– una transformación radical de la realidad mexicana. Sin embargo, pronto se adaptó a las viejas y confortables prácticas del ejercicio del poder omnímodo y caprichoso y de manera incomprensible enfocó sus energías al paulatino desmantelamiento de los servicios de inteligencia y seguridad que, dicho sea de paso, salvo contadas excepciones, gozaban de una deplorable reputación por sus prácticas apartadas de la legalidad y evidentes vínculos criminales.

Pero al desmantelamiento de las estructuras policiales, no siguió su saneamiento y consolidación. Las nuevas organizaciones surgidas de la ocurrencia y la emulación de formatos extranjeros como la Agencia Federal de Investigación, la Policía Federal Preventiva o la efímera Secretaría de Seguridad Pública Federal, no tuvieron siquiera la oportunidad de la maduración, pero sí atomizaron la infraestructura y asumieron las viejas prácticas de sus ancestros, abuso, corrupción y lucro incluidos.

El multimillonario presupuesto destinado durante la última década a la conformación de un aparato de seguridad e inteligencia científico y profesional, ha sido en la práctica, un recurso retórico que contrasta con la realidad de la violencia y el crimen cotidianos y que ha obligado a la utilización de las Fuerzas Armadas en tareas que no les son propias, con el desgaste colateral inherente.

En un ambiente así, no es de extrañar que nuestro científico sistema de inteligencia no pueda aún prescindir de la bolsa de plástico para investigar.

El autor es catedrático de la Universidad Anáhuac México Norte.

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