Opinión

Intelectual de lujo

09 septiembre 2016 5:0
 
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Subastan recuerdos de taquígrafa de Núremberg

Uno. Hijo de padres judíos vieneses (distante, reina, la madre; amigo hasta el final el padre), el nazismo lo hace nacer en París y, a poco, seguir a la familia a Nueva York. De sus condiscípulos en París, sólo dos sobreviven a la Gestapo. Lo que lo llevará a expresar: “Es algo en lo que siempre pienso. El azar, el casino de la sobrevivencia, la lotería insondable del azar”.

Dos. Por cierto, acerca del exterminio judío, llamo la atención sobre Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, dedicada en su último número a “El holocausto y otros genocidios”. ¿La “solución final” fue un dechado, como suele pensarse, de eficiencia tecnológica alemana? No. Mito. Perversa propaganda. En la realidad, la mitad de las víctimas no murió gaseada en los “campos”, sino a causa del hambre, del frio, o de disparos a bocajarro (Peter Hayes).

Tres. En Nueva York, se le inscribe en el Liceo Francés (que recibirá la visita de Charles de Gaulle, cabeza de la Resistencia). Sus indudables talentos y vocación humanista, lo llevan a Harvard. Pero no permanece en los Estados Unidos.

Cuatro. Duda entre de nuevo París, el de la posguerra, y Gran Bretaña. Tercia el padre: el “futuro pertenece a la lengua anglosajona”. Elije, pues, Londres. Trabajo: articulista de The Economist. El futuro gran crítico literario, semiólogo, políglota, filósofo, lingüista, humanista “todoterreno”, debuta como analista de temas económicos. Creo que no sin lógica.

Cinco. Pero aún no concluye el periplo. Se le abren las puertas del Instituto de Estudios Avanzados de Princenton, Estados Unidos, avispero de figurones del pensamiento. ¿E Israel, no lo atrae Israel? Lo indudable es que termina en Inglaterra, plataforma de innumerables viajes (conferencias, cursos, recepción de premios) por todo el planeta.

Seis. Sentenciará: “Uno puede sentirse en casa en todas partes. Dadme una mesa de trabajo y ya tendré una patria. No creo en el pasaporte –cosa ridícula– ni en la bandera. Creo profundamente en el privilegio de lo nuevo”. Aprendizaje fundamental, casi norma de su pueblo perseguido: respirar bajo el agua.

Siete. Nace, en el firmamento de las Humanidades, hoy tan encapotado, deslucido, magro, abandonado, devastado para muchos, George Steiner. Guía tenaz, voraz: “la vida del espíritu, que es para mí el esplendor del hombre”.

Ocho. Visión radical, “humanista”, en el contexto de profundas crisis. Fue André Malraux el que anticipó que las guerras futuras serían religiosas. Europa ya “no tiene un modelo que proponer, ni siquiera a sus jóvenes. Los jóvenes están hartos de la alta cultura, de la alta civilización que no fue capaz de oponerse a la barbarie, o que más de una vez se puso a su servicio”. Pero en las encuestas británicas, el futbolista Beckman se lleva de calle a Shakespeare.

Nueve. Elija usted, lea o relea, para su ilustración y disfrute intelectual (tan escaso): Pasión intacta o Presencias reales; Errata (honesta autobiografía) o Los libros que nunca he escrito; Gramática de la creación o Extraterritorialidad; Lecciones de los maestros o La idea de Europa. En una lista de verdaderos clásicos contemporáneos.

Diez. Y, señaladamente, Un largo sábado, la llena de vida e inteligencia entrevista que le realizara la periodista cultural francesa Laure Adler. Reflexión con la muerte, como negarlo, en el horizonte de expectativas. Juan Gabriel dijo que la muerte dormía con él.

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