Opinión

Intalla rompe con los Defensores de la Fe


 
La guerra de 2 semanas en Mali prosiguió ayer, tras el anuncio del rompimiento de Alghabass Ag Intalla con Ansar Dine (Defensores de la Fe), una de las milicias islámicas más poderosas en el norte del empobrecido país áfricano, acción que para The Guardian y AP puede imprimir una nueva dinámica a la lucha, ya que el líder tuareg ofreció negociar y estaría dispuesto a pelear contra su antiguo bando.
 
Ag Intalla, noble heredero del gobierno tribal de la ciudad de Kidal que no es fundamentalista, a diferencia de otras facciones aliadas de El Kaida en el Magreb Islámico (AKMI), manifestó que tomó la medida 'para que podamos controlar nuestro propio destino', luego de enfatizar que 'no somos AKMI o el Movimiento para la Unidad y la Yijad en África Occidental. Somos un grupo que ha sufrido agravios en los últimos 50 años'.
 
Mientras que el efecto político de la ofensiva francesa Serval, con sus 2,300 soldados desplegados -a los que se suman 1,500 de los países vecinos-, empezaría a hacerse patente con la escisión en Ansar Dine, Intalla puntualizó que 'no somos terroristas y estamos listos para negociar', aclarando que la Sharia (ley coránica) "es nuestra religión y no podemos renunciar a ella, pero estamos dispuestos a revisar cualquier cosa que cause problemas".
 
A fines de 2012 Ansar Dine, dirigido por Iyad Ag Ghali y que buscaría la independencia del norte, al que denomina Azawad, no logró un acuerdo en Burkina Faso con representantes del gobierno central de Bamako, por la aplicación en sus territorios de la Sharia o de la ley secular maliense. Basados en la primera, los milicianos han realizado ejecuciones, amputaciones y azotes en público para castigar ilícitos como la posesión de tabaco o, en el caso de las mujeres, salir a la calle con el cabello descubierto.
 
Abuso militar
 
Al tiempo que se incrementaron las denuncias de asesinatos de civiles por parte del ejército maliense, Asia Times afirmó que el movimiento secesionista de los tuareg, pueblo nativo del Sahel, con 800,000 habitantes en Mali y el resto distribuido en Níger, Argelia, Libia y Burkina Faso, fue infiltrado por el espionaje galo, estadounidense y argelino para saquear la riqueza natural maliense, compuesta por uranio, oro, bauxita, hierro, manganeso, estaño y cobre, además de mantos petroleros sin explorar.
 
Según Jeremy Keennan, especialista de la Universidad de Londres, Libia -donde muchos tuareg sirvieron en el ejército de Muamar Kadhafi, para regresar a Mali tras su caída- "fue el catalizador de la rebelión de Azawad, no su causa subyacente. Al contrario, la catástrofe que tiene lugar en Mali es el desenlace inevitable de la forma en que la 'guerra antiterrorista' fue insertada en el Sahara-Sahel por Estados Unidos y el espionaje argelino desde 2002".
 
En la disputa global, concluye AT después de citar al vicealmirante Robert T. Moeller, quien en 2008 explicó que el objetivo del Comando África del Pentágono es proteger 'el libre flujo de recursos naturales del continente a los mercados', el escenario ideal para Washington sería la partición de Mali, siguiendo el modelo aplicado en el sur y el norte de Sudán, que frenó los avances comerciales y energéticos de China. Por cierto, menciona, Mali fue conocido como Sudán Occidental hasta su independencia de París en 1960.