Opinión

Innovación, una cosa es desearla y otra hacer que suceda

 
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Starbucks

Es fuerte saber que “la mayoría de las ideas nunca suceden” como afirma, a la más mínima provocación, el fundador de Red Box, Rodolfo Ramírez, el único laboratorio de innovación independiente que existe en México. Y es que innovar supone que implementas una idea, la pones en práctica, la pules, la afinas y, con el tiempo, pruebas que esa idea crea valor monetizable.

Mientras algunos aspiran a que su capacidad para crear los lleve a encontrar una idea radicalmente diferente y que transforme el mundo (“do different”), otros enfocan su energía creativa en solucionar “puntos de dolor” y lograr que algo se haga mejor, más rápido, más barato, más ágil, menos complicado o más divertido (“do better”).

Al margen de si una empresa aspira a lo uno o lo otro, los datos fríos muestran que sólo 2% que las ideas que vemos expresadas en nuevos productos o servicios son realmente nuevas. El resto pertenecen a la categoría de “hacer mejor”. Starbucks no inventó las cafeterías, generó un mejor ambiente para tomar café y compartirlo, un espacio donde “se quiere estar”. Microsoft no inventó los sistemas operativos, los hizo amigables, intuitivos y razonablemente comprensibles. Uber no inventó el transporte privado, puso a disposición de los usuarios una plataforma que facilita el acceso al servicio y simplifica el proceso administrativo involucrado.

Todas las empresas quieren producir diferenciación mediante la innovación. Aspiran a encontrar esa idea, que puesta en práctica, catapulte sus utilidades. El reto, sin embargo, es enfrentarse a “la hoja en blanco”. Ese momento cuando un individuo o un equipo designado pretende pensar nuevas ideas y no se le ocurre nada. Y permítame preguntar, ¿por qué se les habría de ocurrir algo nuevo así porque así?

Los expertos afirman que la innovación requiere de un proceso ordenado, “inputs” nuevos, condiciones adecuadas sin interrupciones continuas y una mentalidad enfocada en la tarea creativa, sin filtros. Y rematan, primero la cantidad y luego la calidad. Todo ello, en un ambiente que comparta las ideas generosamente para que se borde sobre ellas de forma metódica hasta que se obtenga un producto con méritos suficientes para ser probado y en su caso lanzado.

Uff, ¡vaya complicación! Porque al margen del ambiente y tiempo dedicado a la tarea, la primera tentación que tenemos la mayoría de los individuos cuando escuchamos una “nueva” idea en la empresa es pensar por qué no se puede, qué problemas va a enfrentar, qué restricciones tiene o qué riesgos representa. Bordar sobre la idea de un tercero, sin caer en la inmediata tentación de descalificarla, implica una disposición muy particular para querer contribuir a la posibilidad, sin pretender anticipar con precisión el resultado que se va a obtener.

No importa a qué se dedique tu empresa o en qué situación financiera u operativa se encuentre, bien vale la pena procurar un espacio de reflexión creativa apropiado que permita re-pensar el negocio, el producto, el proceso o su “output” de manera recurrente. Y es que si n`o lo haces al interior de tu propia empresa, con lo retador que ello pueda resultar en medio del ajetreo de la operación continua y el riesgo a la descalificación, alguien más lo estará haciendo fuera de tu organización, en otro entorno con mayor o menor dolor, pero con “inputs” distintos y en un ambiente propicio para fundar, en el mejor de los casos, tu nueva competencia y, en el peor, una empresa disruptiva que deje a tu negocio fuera de todo lugar en el mercado.

Bien dice el libro The Lean Start Up: “constant motion is the key to execution”. Si quieres innovar, entre que se te ocurra el “do different”, enfócate en el “do better”: piensa, mejora, instrumenta, mide, confirma, descarta, afina, pero muévete. No hay momento perfecto, hay el momento creado, así como no hay idea perfecta, hay una idea con mérito y un empresario con mucha tenacidad que la pone en práctica, con la persistencia adecuada, hasta se convierta en una idea rentable.

Nunca olvides que no es hasta que una idea ha sido “probada” que a su implementador lo califican de “innovador”.

Empresario y conferencista internacional.

Twitter:@mcandianigalaz

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