Opinión

Informe, volver a San Lázaro

El Informe presidencial ante el Congreso era una sana práctica republicana que debe retomarse, pues ése y no otro es el marco para dar cuenta del estado de la nación.

A los ciudadanos se nos impidió el derecho a estar informados y los partidos renunciaron a plantear su punto de vista sobre la gestión del Ejecutivo federal en esta fecha.

Se acabó con un ejercicio republicano y democrático que sí tenía sentido.

La tradición se rompió en el último año del presidente Fox porque los perredistas y petistas bloquearon las entradas al recinto legislativo con mesas y sillas, y amenazaron con violencia en caso de que el entonces titular del Ejecutivo ingresara al salón de sesiones.

Claudicar ante los bárbaros fue un signo de los tiempos, pero ese tiempo ya se agotó.

El Pacto por México puso fin a casi dos décadas de falta de entendimiento entre las fuerzas políticas y a hostilidades que, en el Congreso, iban más allá de la disputa verbal entre los representantes populares.

Tal situación llevó a extremar la prudencia para no dar pretexto a que la tensión en el ambiente de los congresistas se trasladara a las calles.
Felipe Calderón tuvo que entrar a escondidas a rendir protesta como presidente ante el Congreso, a pesar de haber ganado legítimamente las elecciones de 2006.

Nunca pudo ir a San Lázaro a rendir su Informe ante el Pleno porque los legisladores acordaron que el presidente no se presentara en el Congreso. Es decir, los parlamentarios acordaron no parlamentar.

Esos tiempos han cambiado. No hay la crispación social de aquel entonces y el ambiente es otro. El PRD preside el Senado y la Cámara de Diputados, sin que nadie se asuste porque desde esa posición podrían paralizar el trabajo legislativo.

Se aprobaron reformas sustanciales para el país, sin que la violencia se desbordara en las cámaras y en las calles. México ha cambiado.

Incluso Andrés Manuel López Obrador, que instigaba y aplaudía ese comportamiento prepotente de los suyos en el Congreso, ha ido moderando su actitud en ese ámbito.

No hubo toma de tribuna de parte de los seguidores de AMLO, tampoco agresiones físicas o bloqueo a los accesos de los respectivos salones donde se sesionó, discutió y votó la reforma energética.

López Obrador no llamó a cerrar carreteras ni a tomar aeropuertos, porque su estrategia es otra, diferente. Su mirada está puesta en el 2018 y tratará de no cometer los errores del pasado.

Así es que no hay razón para mantener ese acuerdo de los partidos en el Congreso que le impide al presidente acudir ante la representación nacional a rendir el Informe de su gestión cada 1 de septiembre.

Sería muy sano que el próximo año, con una nueva Legislatura, se invitara al presidente a presentar su Informe ante el pleno y que los representantes de los partidos pudieran formular, ante el titular del Ejecutivo, su balance del año y propuestas para el siguiente.

Es mentira eso de que el 1 de septiembre era “el día del presidente”. Oíamos gritos en su contra mientras hablaba, veíamos pancartas con reclamos y hasta con insultos. Ya es hora de que todos corrijan sus excesos y se le brinde a la ciudadanía la oportunidad de escucharlos a todos.

Twitter: @PabloHiriart