Opinión

Informar

Gil esperó durante horas, con los ojos de plato, la conferencia de prensa del procurador Jesús Murillo Karam y el Comisionado para la Seguridad Pública, Monte Alejandro Rubido, en la cual se informaría sobre la detención del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, y su esposa, María de los Ángeles Pineda. El anticlimax total. La expectativa de Gamés subía como la espuma cada vez que se asomaba a Milenio TV en espera de la voz de la autoridad. La conferencia fue lacónica, sólo faltó que Murillo dijera: Los detuvimos, gracias por su presencia aquí esta tarde y por esperar doce horas a las puertas de su humilde casa.

México en vilo permaneció en vilo. Gil no supo nada de lo que no se hubiera enterado desde la mañana temprano: en una casa de Iztapalapa, la pareja fue detenida por la policía federal. Se aprehendió también a una tercera persona, la arrendadora de la casa que habitó el matrimonio Abarca. Se ha informado además que la pareja habitaba una casa abandonada. No se lo tomen a mal a Gamés pero muchas casas de Iztapalapa parecen abandonadas.

Durante horas, el país vio fijamente el desvencijado portón blanco de una casa que parecía abandonada, ajá, la guarida de los Abarca. Pues resulta que el portón era un portón que se caía de viejo, pero no el portón de la madriguera de los Abarca. Los detuvieron en otra casa de otra calle cercana. De tin marín, de do pingüé. Yo sólo les informo que no informo nada. El final de la intervención del procurador Murillo fue magnífico: seguiremos informando.

El peso de la ley

En la mañana, con los periódicos envejecidos prematuramente sobre el escritorio de finas maderas, Gil leyó la noticia en la página on-line de su periódico Excélsior: “La dirigencia del Partido de la Revolución Democrática reitera su exigencia a la Procuraduría General de la República para que caiga todo el peso de la ley sobre ellos (…) puesto que las pruebas acumuladas en la investigación los señalan (a los Abarca) como culpables de los hechos de Iguala”.

Cuidado con el peso de la ley porque podría caer incluso sobre alguna de las esquinas del perredismo. La ley de la gravedad es la más pesada de todas las leyes. Qué bonito es lo bonito, caracho: exigimos que se castigue al candidato al cual el PRD llevó a la alcaldía, la alcaldía que el presidente municipal perredista convirtió en una sede del crimen organizado. ¿Cómo se le llama al cinismo político? Desvergüenza pública.

El comunicado del PRD señaló que “con estas detenciones, la PGR podría realizar los interrogatorios que conduzcan a esclarecer el destino de los normalistas desparecidos y de la red de complicidades en la que se basó la conducta de los Abarca así como su relación con el crimen organizado”.
Y de paso, farfulla Gamés, convendría que la dirigencia perredista explicara por qué subió a un criminal a su plataforma electoral. ¿No es un poco demasiado hacer como que la virgen les habla? Oigan esto por piedad: “El PRD se une al clamor generalizado de que se presenten resultados y se encuentre a los normalistas a fin de que las familias de los estudiantes tengan certeza del paradero de sus víctimas y se aplique la ley plenamente sobre todos los responsables, sin importar de quien se trate para que no haya impunidad”.

Gil sufrió un desvanecimiento de un milisegundo. Cuando recuperó el sentido, o el sinsentido, se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿quiénes firman este comunicado no son los mismos que protegieron al desgobernador Aguirre? Pues con la pena, pero son exactamente los mismos políticos. Así está el abarrote.

Debacle

Si Gil ha entendido algo, cosa improbable, la catástrofe del PRD es y será inevitable. No es para menos, ya dieron al traste con dos estados gobernados por políticos de su partido: Michoacán y Guerrero. Sí, sí, también el PRI y el PAN, pero los crímenes de Iguala ocurrieron en Guerrero. Gamés supone que seguramente Liópez también pasará a rasurarse en su momento. Cuando el nombre de Lázaro Mazón aparezca, Morena crujirá mientras se conoce el pasado y el presente delictivo de su precandidato a la gobernatura de Guerrero. Aigoeei.

La máxima de Marcel Mart espetó en el ático de las frases célebres: “La mejor fuente de información siempre son las personas que han prometido no contárselo a otros”.

Gil s’en va