Opinión

Informalidad, síntoma y causa

   
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salario mínimo

Desde hace tiempo, hemos comentado en esta columna que el problema socioeconómico más importante que tenemos está asociado a la informalidad. Es simultáneamente síntoma y causa, me parece. Por un lado, refleja la incapacidad de la economía mexicana para absorber a millones de personas en el mercado laboral. Esto puede deberse a deficiencias del esquema productivo, pero también del sistema educativo, por ejemplo. Por otro, por sus mismas características, la informalidad impide avances significativos en la productividad.

En el segundo trimestre de 2017, de poco más de 52 millones de mexicanos que trabajaban, 29 millones y medio eran informales, y 22 millones 700 mil eran formales. Su distribución por nivel educativo, sin embargo, es muy diferente. Entre los formales, 3.6% tienen primaria incompleta y 9.7% primaria completa. Entre informales, estas cifras son 17.8 y 24.9% respectivamente. Es decir, casi 43% de los informales tienen un nivel educativo máximo de primaria, mientras que en los formales, casi el 55% tiene educación media superior o superior.

En cuanto a ingresos, la mitad de los informales tiene un ingreso inferior a un salario mínimo y medio, mientras que entre los formales, la mitad prácticamente alcanza 3 salarios mínimos. La formalidad está asociada a un ingreso del doble, entre los de menores ingresos. Más arriba no podemos estimar con certeza, porque 18% de los formales no informan sobre sus ingresos, el doble de lo que ocurre con informales. Hay muchos indicios de que los que no responden tienen ingresos superiores a 5 salarios mínimos, pero no hay certeza, como le decía. Con esta suposición, prácticamente 28% de los formales estaría por encima de este nivel, frente a 11% entre informales. Estimando el ingreso promedio, también de forma muy rupestre, entre formales éste alcanzaría 2.8 salarios mínimos, frente a apenas 1.5 entre los informales. Prácticamente el doble.

Muchas personas creen que la informalidad es un asunto de impuestos, y que lo único que hay que hacer es cobrarle a quienes viven en esa circunstancia, pero espero que la información que le acabo de mostrar ayude a desechar esa idea. La gran mayoría de las personas que viven en informalidad tienen ingresos muy bajos, porque su productividad es muy reducida. La solución no es cómo cobrarles, sino cómo lograr que su productividad sea mayor.

Aunque la educación no lo es todo, la distribución que veíamos entre informales hace complicado incorporar a muchos de ellos a la economía actual, que tiene un componente de conocimiento importante. Como usted sabe, la prueba PISA nos ha dicho que dos de cada tres jóvenes de 15 años son capaces sólo de seguir instrucciones simples. La mitad de los informales tiene un nivel educativo inferior a estos jóvenes. Reitero que la educación no lo es todo, pero se trata de un obstáculo serio.

Ahora bien, los datos que comentamos provienen de la Encuesta de Ocupación y Empleo de INEGI, que incluye en la informalidad tanto a quienes normalmente llamamos informales (ambulantes, por ejemplo) como a aquellos que están dentro de la economía formal pero no cuentan con prestaciones (especialmente seguridad social). Más aún, también incluye a quienes viven de agricultura de subsistencia. Los tres grupos son muy diferentes. El de en medio, informales por falta de prestaciones, tiene una mejor distribución educativa y de ingreso, y su incorporación plena a la formalidad puede ser mucho más fácil. A lo mejor ésa podría ser una buena meta de políticas públicas: son casi 10 millones de mexicanos, que podrían formalizarse en un período breve, digamos cinco años. Haría falta una buena combinación de incentivos, capacitación y aplicación de la ley, pero suena posible.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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