Opinión

Inflación, la explicación que falta

    
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Gasolina. (Cuartoscuro)

Precisa, exacta, oportuna, podríamos decir que fue la explicación que días y horas antes de que llegara el año nuevo se esmeraron en dar las autoridades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público respecto a los aumentos que tendrían las gasolinas desde el primer minuto de 2017, lo que en teoría es una medida que responde a coyunturas internacionales adversas, como la inminente asunción de Donald Trump como presidente del país más poderoso del mundo y sus fobias hacia los mexicanos, así como la caída de los precios internacionales del petróleo.

En términos macroeconómicos la fórmula aplicada parece ser la adecuada. Bueno, hasta el menos avezado en la materia coincide en que esta medida era necesaria. Los expertos dicen que es tardía, que debió haber llegado desde hace 15 años y en sintonía con los precios del crudo a nivel internacional, pero en lugar de eso –reprochan– México optó por los subsidios y por eso ahora a las autoridades les resulta complicado salir a explicar con precisión la medida adoptada y, cuando se habla de inflación, todo se enreda más.

A manera de antecedentes, las autoridades hacendarias han dicho hasta el cansancio que desde hace dos años nuestro país, México, transitó de un modelo de precio único a un esquema de precio máximo y a partir de 2016, con la finalidad de que este mercado refleje las condiciones internacionales, se adoptó un impuesto por litro, conocido como IEPS fijo.

Durante 2017, para continuar con este proceso –abundaron las autoridades–, los precios máximos se determinarán por región y reflejarán los costos logísticos de Pemex, en los términos aprobados por la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Asimismo, durante el año se irá reduciendo el periodo entre ajustes para que, a partir de la tercera semana de febrero, éstos se lleven a cabo de manera diaria.

En otras palabras, los precios máximos diferirán entre las distintas regiones del país, reflejando los costos de llevar los combustibles a cada una de ellas. La diferencia en costos obedece a la distancia de cada localidad a las refinerías de Pemex o a los puntos de importación, así como a los diferentes tipos de infraestructura para el transporte y distribución del combustible. Cuando en alguna localidad las normas ambientales exijan el uso de combustibles de mayor calidad, esto se reflejará también en el precio máximo.

Según la versión oficial, el país se dividirá en un total de 90 regiones (7 en frontera y 83 al interior), que corresponden a las zonas que abastece la infraestructura existente de almacenamiento y reparto de Pemex.

Los precios máximos regionales se determinarán mediante una fórmula transparente y objetiva donde se sumaran los tres componentes siguientes: los precios de referencia internacional de cada combustible; los costos de transporte, internación, flete y distribución de Pemex; y otros conceptos, incluyendo los impuestos aplicables y el margen comercial para las estaciones de servicio.

Hasta ahí todo bien. Incluso quienes saben de esto insisten en que es una medida acertada.Pero hasta ahora no hemos escuchado a nadie que salga a dar una explicación clara, precisa y sensata sobre las medidas que se adoptarán o deben adoptarse para hacer frente al impacto inflacionario que pegará directamente en el bolsillo de las familias con menos ingresos. Esa es la explicación que al perecer nos siguen debiendo en Hacienda, en tanto que, como ya es costumbre, los que gustan de politizar los asuntos siempre están listos para el plantón, el discurso fácil y todo tipo de soluciones sin fundamento.

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