Opinión

Inflación históricamente baja, ¿hasta cuándo?

 
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huevo (Cuartoscuro/Archivo)

Esta semana el tipo de cambio alcanzó máximos históricos; el interbancario operó en torno a $19.75 y el de menudeo superó $20 por dólar. Con ello, en los últimos doce meses la depreciación cambiaria alcanzó entre 18% y 20%. No obstante lo anterior, la inflación al consumidor continúa en niveles “históricamente bajos” y, aunque el Banco de México recurrentemente incluye el repunte inflacionario en su balance de riesgos, analistas y autoridades no lo anticipan como un problema en el corto plazo. La historia puede ser diferente y cambiar rápidamente.

Es preocupante el elevado diferencial que se sigue acumulando entre el incremento de los precios al productor (INPP) y el correspondiente al consumidor (INPC). En agosto el primero se situó en 5.50%, tasa superior a la de hace un año (3.25%), mientras que el segundo en 2.73%, en comparación con 2.59% en agosto de 2015. De los bienes y servicios que integran el INPP, el índice de las actividades primarias aumentó 7.99% en ese periodo, el de las secundarias 7.09% y el de las terciarias sólo 2.80%. Si bien el incremento de los precios del sector agropecuario, forestal y pesquero en buena parte fue consecuencia del aumento de las cotizaciones internacionales de los alimentos (6.8% entre agosto de 2015 y de 2016, según la FAO), también responde a la amplitud del comercio internacional de esos bienes y al impacto del tipo de cambio en las importaciones y en las exportaciones. El mayor tipo de cambio incentiva las ventas al exterior lo que impacta en el abasto interno y/o propicia que los precios internos tiendan a igualarse con los que se pagan en el mercado internacional; en este año, ese ha sido el caso del azúcar, el huevo y la carne de ave, así como de múltiples frutas y hortalizas.

De las actividades secundarias destaca el aumento de los precios al productor de las manufacturas vinculadas con el comercio exterior: textiles y prendas de vestir, industria de la madera, cemento, industrias y productos metálicos, maquinaria, equipo de computación y equipo de transporte, todos con incrementos superiores al promedio. El efecto de la depreciación del tipo de cambio es evidente.

En la inflación medida por el INPC, y que es la de mayor foco para el banco central, la de agosto fue la más elevada en los últimos seis meses y, aunque sigue por debajo de la meta anual de 3%, su composición pone de manifiesto la presencia de presiones inflacionarias cada vez mayores. El mes pasado el índice de mercancías –que junto con los servicios integra la inflación subyacente o de tendencia– se incrementó 3.76% a tasa anual (3.74% el de alimentos y 3.77% el de las no alimenticias), un punto porcentual más que el general; además, el de frutas y legumbres –parte de la inflación no subyacente– aumentó 7.1%. La evolución de esos componentes fue parcialmente compensada por aumentos inferiores al promedio de los precios de los servicios, los bienes pecuarios y los energéticos. A nivel de productos, los precios al consumidor de prendas de vestir, productos de limpieza y diversos electrodomésticos menores (aires acondicionados, planchas, licuadoras) son los que han registrado las mayores alzas y también corresponden a productos con elevada sensibilidad al tipo de cambio. La combinación de incrementos de precios de esos productos con los de los alimentos explica la incredulidad de diversos estratos de consumidores en los reportes oficiales de inflación.

En general, las perspectivas no son halagüeñas. Hasta ahora lo que ha contenido la inflación es que en múltiples productos se han reducido los márgenes de comercialización y, en algunos casos, se han contraído las utilidades de las empresas; sin embargo, parecería que se están alcanzando límites en esa materia. Ello, junto con ajustes en los precios de los servicios, de los bienes pecuarios y de algunos industriales que se hasta ahora no se han ajustado, podrían generar un brinco de alto riesgo en la trayectoria de la inflación en los próximos meses.

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