Opinión

Infancia invisible

Alejandro Ordoñez González*

Estimado lector: mire una foto suya de cuando tenía menos de 6 años; ahora imagine que nunca le hubieran abrazado ni amamantado, que no le hubieran registrado y tampoco estimulado antes de entrar a la escuela o ¿qué habría pasado de no recibir atención suficiente para su salud y alimentación adecuada para su desarrollo? ¿Su vida habría sido la misma? ¿Estaría leyendo estas oraciones con la misma fluidez? Probablemente no, pues en su primera infancia usted habría sido invisible, como lo son los niños de 0 a 6 años en nuestro país.

En nuestro país son invisibles más de la mitad de los 40 millones de niños de 0 a 17 años de edad; 21.2 millones viven en condiciones de pobreza y 4.7 millones en pobreza extrema según el reporte “Pobreza y Derechos Sociales de Niños, Niñas y Adolescentes en México 2010-2012” del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Son invisibles 18 por ciento de los menores de un año que, al no contar con registro de nacimiento, son inexistentes para el Estado. Invisibles uno de cada siete niños al sufrir desnutrición crónica y 38 por ciento de los menores de 2 años al padecer anemia. Invisibles cuando no hay instancia gubernamental exclusivamente encargada de esta etapa tan crucial, cuando tampoco hay una política pública sólida con programas articulados para la atención de la primera infancia.

En ocho de diez casos en México, la madre es la única responsable del cuidado infantil al dedicar casi el triple de horas semanales en comparación con el tiempo que dedican los padres varones. Ellas (50 por ciento con secundaria trunca y 75 por ciento sin seguridad social) son también invisibles al no contar con apoyo y recursos suficientes ni en casa ni por parte de las autoridades. Aunado a esto, el que sólo 14 por ciento de los niños sean amamantados por lo menos durante 6 meses (lo mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud) subraya la urgencia de preparar, involucrar e informar más y mejor a padres de familia sobre la importancia de la lactancia exclusiva y la responsabilidad conjunta de ambos padres.

La asignación de recursos para la infancia también refleja la ceguera de nuestra política pública. En la mesa de análisis de Mexicanos Primero “Los Invisibles”, el economista Jaime Serra Puche mostró con la ecuación de Heckman que invertir en las personas e invertir temprano, no sólo tiene resultados positivos sino que evita costos al tener efecto positivo en la educación superior, la disminución del crimen, la mejora de la productividad laboral y la disminución de enfermedades crónico degenerativas. Si el rendimiento en capital humano es más alto cuanto más temprano se realiza la inversión, no podemos permitir que se invierta menos en los niños de 0 a 3 años (apenas 7.0 por ciento) y de 4 a 5 (13 por ciento) y que se concentren los recursos en niños de (43 por ciento) 6 a 11 y (37 por ciento) de 12 a 17. Una curva con dirección contraria a la recomendada: se invierte ignorando la realidad sin miras a largo plazo.

El reporte Los Invisibles evidencia el incumplimiento de derechos de los niños de 0 a 6 años y hace un llamado a mejorar la inversión, el arreglo institucional y el involucramiento de todo sector de sociedad en la educación inicial. Una tarea colectiva que Isabel Crowley, representante de Unicef en México, urgió en la mencionada mesa de análisis: “favorecer el inicio de la vida en igualdad de circunstancias y oportunidades es un deber del Estado pero también de la sociedad en su conjunto; es a partir de esta tarea de responsabilidades colectivas que se podrá garantizar a todos los niños y niñas de México -sin excepción- el mejor comienzo para sus vidas”.

Al mirar de nuevo esa fotografía de nuestra infancia, preguntémonos ¿cómo hubiese cambiado nuestra vida si hubiésemos recibido una mejor atención y cuidado a la edad de 0 a 6 años, cuando más rápido se desarrolla el cerebro y cuando más vulnerables somos? Ahora, pensemos en los millones de niños que no vemos, en los invisibles, y en la inadecuada e insuficiente atención que el servicio público ofrece a padres de familia en el supuesto resguardo de sus hijos.

La infancia de toda persona es un tesoro único, irrepetible, y de un valor incalculable para la vida entera: hagamos visible la problemática y actuemos para resolverla exigiendo una política pública y social que garantice el cumplimiento de los derechos de la niñez y en particular de la primera infancia. Política que encuentre eco en programas articulados, acciones precisas, intervenciones oportunas y en una adecuada asignación de recursos.

* El autor es coordinador de Activación Ciudadana de Mexicanos Primero.

Twitter: @alex_ordnz

Correo: http://mexicanosprimero.org