Opinión

Ineptitud de Eruviel Ávila

    
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Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México. (Cuartoscuro / Archivo)

Cuando a Enrique Peña Nieto le faltaban cinco meses para concluir su mandato como gobernador del Estado de México, estaba arriba en las encuestas en la carrera presidencial, además su presencia política le daba renovados bríos al PRI, que en la elección de 2006 se desplomó a un tercer lugar.

El nivel de aceptación que tenía Peña en su estado natal estaba en niveles del más de 60 por ciento y en ámbito nacional no había otro político mejor aceptado entre los electores.

Hoy, cuando a Eruviel Ávila está a casi cinco meses para terminar su administración, cada vez es más cuestionado por las grandes asignaturas pendientes que está dejando como la inseguridad, la corrupción, la impunidad y sobre todo la pobreza y la marginación que prevalece en su estado.

En las encuestas que miden la popularidad de los suspirantes priistas apenas alcanza un tercer lugar y el rechazo que tienen muchos priistas a una eventual candidatura del mexiquense es muy alta.

Ahora, en plena campaña política, todos los candidatos, incluso el del PRI, se dedican a denostarlo y a fustigar las políticas públicas que puso en práctica, pero que no fueron suficientes para resolver los problemas más agudos que padece el estado más poblado del país.

Los llamados corredores azules y amarillos, después de que el PRI recobrara muchos de ellos, ahora se volverán a teñir de los colores de la oposición al PRI y una de las razones para que ello ocurra es, precisamente, por la ineptitud de Eruviel Ávila.

Tan sólo en Ecatepec, en donde Ávila ha sido dos veces presidente municipal, los niveles de inseguridad que tiene este municipio lo ubican en el más peligroso del país, por encima de Guerrero, Veracruz, Tamaulipas y Morelos.

El gobernador mexiquense no pudo imponer a su delfín en su sucesión, de hecho al que menos quería para sucederlo era precisamente Alfredo del Mazo, y tampoco logró, con todo a favor, gobernar y dar resultados palpables, y ni siquiera obtener la aceptación de sus correligionarios en sus aspiraciones presidenciales.

El primer círculo del mandatario estatal creyó que podían seguir la ruta que les marcó, cinco años antes, Enrique Peña Nieto en la carrera presidencial; sin embargo, Eruviel carece de las cualidades de su antecesor. Ni tiene el carisma ni mucho menos la capacidad de gobernar con eficacia y menos tejer fino con los líderes de los sectores más representativos del país.

Ávila no tiene aceptación en otros estados del país, ni siquiera en la zona metropolitana de la Ciudad de México en donde, se supone, podría tener simpatizantes en número importante.

Cuando el PRI a nivel nacional presenta nuevamente altos índices de rechazo, y por ende requiere un extraordinario candidato que logre reanimarlo de la inanición, Eruviel Ávila no reúne el perfil, ya no para ganar, sino para mantener a su partido en la lucha por el poder.

El próximo 15 de septiembre, dentro de 144 días, concluye el sexenio eruvielista y en lugar de hacerse ilusiones por la candidatura presidencial, deberían avocarse a cerrar dignamente y a limpiar el desastre administrativo, plagado de desviaciones presupuestales que, de acuerdo a los enterados, podría superar a Javier Duarte, exgobernador de Veracruz.

CIVILIDAD POLÍTICA
El que hace política de la buena es el gobernador de San Luis Potosí, el priista Juan Manuel Carreras que, más allá de distingos partidistas, se hace acompañar a sus giras por legisladores de la oposición. Ahora tocó el turno de la senadora panista Sonia Mendoza en el municipio de Ébano. Y ya que hablamos de esa entidad, vaya papelón que hizo el diputado local Alejandro Segovia, que después de inapropiados comentarios que hiciera contra el jefe del Ejecutivo estatal, lo que provocó el rechazo general de los potosinos, tuvo que pedir licencia a su cargo y reconocer los avances que presenta esa entidad en materia de empleo e inversiones.

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