Opinión

Indonesia: elecciones cruciales para el futuro de la democracia

El día de ayer tuvieron lugar las elecciones presidenciales en Indonesia, la tercera ocasión en la que se eligió de manera directa al presidente en esta joven democracia. Mientras que Tailandia regresó a la tradición de golpes militares, y Malasia y Singapur viven bajo regímenes semidemocráticos, Indonesia ha sido una historia de triunfo de la democracia en el sudeste asiático.

Indonesia es la economía más grande del sudeste asiático y miembro del G-20. Con 240 millones de habitantes, es la tercera democracia más poblada del mundo, sólo después de India y Estados Unidos. Su población –el doble de la mexicana en un territorio del mismo tamaño pero dispersa en más de 10 mil islas– es multiétnica y multilingüística. Más de 90 por ciento de los habitantes practica el islam, sin embargo, el Estado indonesio garantiza la libertad religiosa y no concede trato especial a la religión predominante. Indonesia aún enfrenta varios problemas: los altos niveles de corrupción, una infraestructura deficiente y arcaica, rezagos en materia de salud y educación, el recuerdo del pasado dictatorial y la presencia de extremistas islámicos que han cometido graves atentados en los últimos años. La democracia es un logro no desdeñable.

Después de la experiencia colonial holandesa y de las dictaduras de Sukarno y Suharto, la democracia ha logrado enraizarse. Hay estabilidad política, competencia electoral, medios de comunicación independientes y críticos, una sociedad civil fuerte y una relativa separación de los militares de la vida política. El país ha tenido un desarrollo y crecimiento económico sostenido de cerca de 6.0 por ciento en los últimos años, lo que ha permitido superar la pobreza a millones de personas y ha posibilitado el surgimiento de una clase media participativa.

En estas elecciones contendieron dos candidatos con orígenes y convicciones políticas muy contrastantes: Joko Widowo, Jokowi, y Prawobo Subianto.

El primero es el gobernador de Jakarta, la capital. De origen humilde, logró volverse un exitoso exportador de muebles antes de entrar a la vida política. Jokowi tiene fama de honesto, buen administrador y sencillo, a quien le gusta estar en contacto con la gente. A pesar de ello, no fue buen candidato: no es carismático, su campaña estuvo mal organizada, contó con recursos limitados y enfrentó una campaña de difamación, en la que lo acusaban de no ser musulmán. Estos motivos lo llevaron a perder la mayoría de dos dígitos con la que contaba inicialmente. Jokowi es resultado de la transición democrática y se le considera un político antisistema.

El segundo contendiente es el general Prawobo Subianto, fue yerno del dictador Suharto (quien gobernó más de 30 años), tuvo una carrera meteórica en el ejército, fue jefe de las guardias presidenciales y tuvo que huir a la caída de Suharto en 1998, tras acusársele de graves violaciones a los derechos. Subianto ha insistido en que quiere llegar a la presidencia por medios democráticos, pero también ha propuesto cambiar la Constitución para reforzar el poder del Ejecutivo, en detrimento del Parlamento.

Su campaña contó con amplios recursos, tanto propios como de su familia y otros magnates, lo que le permitió tener gran organización, acceso a medios, redes sociales y propaganda. Subianto se apoya en una retórica nacionalista y populista, muy crítica de las políticas económicas liberales; en particular rechaza la inversión extranjera. Sus discursos, apasionados e incendiarios, se refieren a un pasado mejor, donde había un líder fuerte que podía resolver los problemas. Se refiere a un régimen autoritario del cual se benefició. Las encuestas señalan que los dos candidatos están técnicamente empatados. El resultado final lo definirán los indecisos, entre 15 y 20 por ciento del padrón de 187 millones. Los resultados se anunciarán el 21 de julio, sabremos entonces si Indonesia decidió avanzar en la consolidación de su democracia o se arriesgó a regresar al pasado autoritario.