Opinión

Indolentes

Los señores legisladores del Congreso de la Unión decidieron, a principios de esta semana, suspender sus labores del período ordinario y tomar vacaciones decembrinas. Tanto en Senadores como en Diputados, los legisladores dejaron en la charola de pendientes, una serie de iniciativas fundamentales para el momento presente de México. ¡Como si el país estuviera para recesos!

Por ausentismo dejaron inconclusas varias resoluciones en la sesión final, que pudiera –si el trabajo lo ameritaba– continuar sus sesiones y trabajos hasta el último día del año, como cuando se extendían en sesiones a deshoras para la aprobación del presupuesto correspondiente al año entrante.

Quedó en el aire la aprobación de las reformas constitucionales al Distrito Federal y la esencial desindexación del salario mínimo, acuerdo aún inconcluso entre los grupos parlamentarios. Dejaron pendiente el resolutivo relacionado a los padres y estudiantes de Ayotzinapa, en un elocuente acto de insensibilidad y falta de tacto político. ¿Es acaso que no los ven? ¿Qué no son notorias sus marchas, protestas y reclamos? Una respuesta clara, sensible, empática del Congreso hubiera sido lo más conducente y respetable políticamente. No sucedió.

Pero tal vez de los pendientes más graves y vitales que los diputados y senadores dejaron en el tránsito intercameral, es el proyecto de ley anticorrupción y sin duda la designación de un “zar” o fiscal especial en este terreno. ¡Cómo si el país estuviera para descansos y recesos!

Uno de los reclamos más insistentes de los últimos tres meses en todo el país ha sido el de la corrupción rampante, insultante, que invade todos los niveles de gobierno y no distingue partidos ni colores. El presidente Peña Nieto estableció en su decálogo de hace tres semanas el tema de la lucha, el combate y la voluntad frontal del gobierno en contra de la corrupción acompañada de la iniciativa enviada a la Cámara de Diputados y enriquecida con la propuesta del PAN. Y de ahí, nada. Comisiones, debates, modificaciones, reservas y todo el proceso legislativo que empantana una iniciativa que la sociedad reclama con urgencia.

Escuché a Emilio Gamboa, coordinador priista en el Senado, responder en entrevista radiofónica que “el periodo había sido muy rico y productivo en nombramientos, leyes aprobadas...” y que parte del proceso legislativo consistía en dejar pendientes para el próximo periodo. La explicación equivale a decir “como hemos trabajado mucho, pues ahora descansamos”.

A veces aparece una creciente desconexión entre el gobierno y la ciudadanía, entre sus representantes y los electores. Líneas que se fracturan, canales de comunicación o de comprensión de la realidad que se nublan u obscurecen. Los señores diputados y senadores –con minúscula– han dado una prueba de insensibilidad, de lejanía, de desarraigo con la grave situación que se vive en México. El tema de la reforma política del DF puede bien esperar a febrero –cuando inicia el siguiente periodo–; el del salario mínimo requería mayor prontitud y celeridad para un tema del que dependen y están enganchados miles de cálculos de todo tipo en este país; pero el de las medidas, procesos, mecanismos y responsables anticorrupción merecían la atención prioritaria de los señores legisladores.

Qué pena que no les interesó, que planeaban fiestas y viajes en vez de ocupar y concentrar su atención en proveer medidas que generen distensión en el crispado ambiente social y político de México. Pecan de indolencia al no resolver temas urgentes, que puedan ayudar a reconciliar a una sociedad ofendida, enojada y, tristemente, confrontada.

Twitter: @LKourchenko