Opinión

Indicadores y credibilidad, ¿la ONU miente?

 
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ONU

A nivel global la preocupación sobre el hambre y la pobreza tiene apenas 20 años, cuando en 1996 se adoptó la Declaración de Roma, que se comprometía a reducir a la mitad el número de personas en el mundo en situación de hambre y desnutrición para 2015. Si bien el foco de la Declaración de Roma fue el hambre, y no la pobreza, fue el primer compromiso global que reconoció el atraso social de miles de millones de personas y significó un ejemplo a seguir en este tipo de compromisos.

Cuatro años después, en el 2000, en el seno de Naciones Unidas se adoptó la Declaración del Milenio que buscó establecer los cimientos y metas básicas para lograr un mundo más pacífico, más próspero y más justo. El reporte más reciente de los avances de la declaración de ONU se hizo público en el verano de 2015.

Recientemente, en febrero de 2016, el profesor Jason Hickel de la London School of Economics and Politial Science, de Inglaterra, publicó un artículo robusto y serio, en torno al reporte de Naciones Unidas, cuestionando la veracidad de las cifras de la ONU.

El doctor Hickel afirma que contrario a lo que sostiene el reporte de la Declaración del Milenio, la pobreza y el hambre se han agudizado en el planeta, y no mejorado. Hickel sostiene que Naciones Unidas ha jugado con las variables e indicadores para difundir un logro que es falso. Su crítica se suma a la de otros académicos que afirman que los objetivos de la Declaración han sido un fracaso. En síntesis, la pobreza y el hambre han crecido en todo el globo, por la falta de un crecimiento económico más robusto de las economías, pero también por la ausencia de políticas redistributivas más eficaces.

La implicación más seria del ensayo es la falta de indicadores creíbles a nivel global para medir pobreza y hambre. De ahí la importancia de que en México sigamos robusteciendo el trabajo técnico, transparente e independiente de instituciones como el Inegi y el Coneval, entre otras.

Twitter: @julio_madrazo

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