Opinión

Indicadores de pobreza

    
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Anciano

El Coneval ha presentado sus indicadores de carencias sociales, que corresponden a las seis dimensiones en que se mide la pobreza, por eso llamada medición multidimensional. El último dato es de 2015, pero se presenta la comparación con los datos desde 2010. Es interesante notar que en todas las dimensiones hay una mejora.

En rezago educativo, el indicador de 2015 es de 17.9 (es decir, 17.9 por ciento de los hogares muestran esta carencia), frente a un indicador de 20.7 en 2010 y de 26.6 en la primera medición que hay, de 1990 (que puede consultarse en el archivo histórico de Coneval). Es decir, que hay una mejora en los últimos cinco años de poco más de tres puntos porcentuales.

En el rezago en servicios de salud, el índice de 2015 es de 16.9, cuando fue de 29.2 en 2010 y era de 58.6 en la primera medición, en el año 2000. El avance en este tema es muy impresionante. En los últimos cinco años se redujo el rezago casi a la mitad y en los 10 años previos había ocurrido algo similar.

El tema en el que estamos peor es el rezago en seguridad social. La razón es obvia: si más de la mitad de la población trabaja en la economía informal, que se define como quienes no tienen prestaciones, pues todos ellos caen en este rezago. En 2008 era de 65 por ciento de la población, para 2010 se había reducido a 60.7 y en 2015 fue de 56.6. Sigue siendo un número muy grande, como puede ver.

Las carencias en la vivienda se miden en dos indicadores. Uno tiene que ver con la calidad y espacios de la misma, y el otro con los servicios básicos. En el primero, el rezago en 2015 es de 12 por ciento y era de 15.2 por ciento en 2010. En la primera medición, de 1990, llegaba a 41.5 por ciento. El avance es sustancial en ese largo plazo. En lo relativo a servicios básicos el indicador es ahora de 20.5 por ciento frente a 22.9 en 2010.

Finalmente, las carencias en acceso a la alimentación. En este indicador también hay un avance entre 2010 y 2015, puesto que se pasa de 24.8 a 21.7 por ciento de los hogares. Pero en 2008, la primera medición, el indicador era igual al de hoy. Fue en ese año (en realidad, desde 2007) que tuvimos la crisis de precios internacionales de maíz y trigo, que complicaron mucho la situación de alimentación en los hogares más pobres del país.

El otro indicador de la pobreza tiene que ver con el ingreso. Anteriormente se medían la pobreza alimentaria y la de patrimonio. En la primera estaba el 21.4 por ciento de los mexicanos en 1992 y se redujo a 18.8 por ciento para el año 2000. Después de la crisis mencionada, hubo un repunte y para 2012 era el 19.7 por ciento. En pobreza de patrimonio, en 1992 estaba el 53.1 por ciento de los mexicanos, para el 2000 se había reducido al 51.1 por ciento y para 2012 regresó a 52.3 por ciento. Ahora se mide algo ligeramente diferente: la proporción de mexicanos que están por debajo de la línea de bienestar mínimo (que se acerca mucho a la pobreza alimentaria), y debajo de la línea de bienestar (que se acerca a la de patrimonio). La primera pasa de 19.4 por ciento en 2010 a 20 por ciento en 2012 y a 20.6por ciento en 2014. La segunda, 52 por ciento en 2010, 51.6 por ciento en 2012 y 53.2 por ciento en 2014.

Claramente, los cambios son muy pequeños. Último dato: el indicador de ingreso laboral real. Importa para tener una idea más actual. Este índice en 2010 promedió cerca de mil 700 pesos (de 2010), para 2014 cayó a mil 600 y en 2016 regresó a mil 700 (pesos de 2010).

En suma: se reducen las carencias, el ingreso se mantiene. Hay que hacer más.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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