Opinión

Indicaciones Geográficas, si se firma el TPP

10 febrero 2014 5:14 Última actualización 28 agosto 2013 17:3

 
Mauricio Jalife Daher
 
Si como todo parece indicar, finalmente nuestro país accede al Transpacific Partnership Agreement (TPP), uno de los efectos relevantes que habrán de impactar de manera significativa nuestras prácticas domésticas, es la relacionada a las llamadas “Indicaciones Geográficas”. Por virtud de esta regulación, un importante número de productos de origen, esto es, que han tomado su designación del nombre del lugar del que proceden, recibirían protección en nuestro país por vía de su registro, lo que tendrá un efecto generalizado con todos nuestros socios comerciales por vía de las cláusulas de “nación más favorecida”. Si sucede como se prevé, la ronda de negociaciones que se celebra en Brunei podría ya arrojar versiones finales y compromisos concretos de adhesión.
 
Hasta hoy en México la única protección disponible para productos de este tipo es la de las llamadas “Denominaciones de Origen”, que es sin duda la forma de reserva de uso exclusivo de una designación geográfica más sofisticada. De las potenciales Indicaciones Geográficas que existen en un país, sólo algunas logran protección, dados los altos estándares que se exigen para acreditar la presencia de factores medio ambientales, procesos de manufactura y vinculación con un lugar.
 
En industrias nacionales como las de derivados lácteos se aprecia una preocupación creciente generada por la eventual modificación de la normativa aplicable, lo que podría traer como consecuencia una restricción inesperada en su práctica habitual de negocios. El escenario imaginable es uno en el que denominaciones como “Manchego”, “Brie”, “Camambert”, “Roquefort”, Provolone”, “Gorgonzola” o “Feta”, tendrían que dejar de ser usadas por las empresas mexicanas, incluyendo cualquier referencia como “tipo” o “imitación”; y en el mercado resulta muy difícil vender un queso “Roquefort” sin llamarle de esa forma. A cambio de reconocer la exclusividad en el uso de denominaciones extranjeras de este tipo, México gozaría de exclusividad para productos como los quesos “Oaxaca”, “Chihuahua” o “Cotija”, que con base en tal reconocimiento podrían iniciar su escalada hacia mercados internacionales.
 
El tema es necesario trasladarlo a la industria de los alimentos en general, y desde luego de vinos, en los que sobran los ejemplos de productos que son beneficiarios de la legislación tutelar de Indicaciones Geográficas. Acceda o no México al TPP, y aún concediendo posibles ajustes o dilaciones en el proceso para su adopción, lo que parece inaplazable para nuestro país es tomar decisiones orientadas a la modernización de su esquema normativo en la materia. Desde hace ya varios años reposa en el Congreso una iniciativa (lástima que sea una nueva ley que nos urge y no un vino de mesa) que plantea, al menos, opciones vanguardistas para nuestro sistema. Setenta años de lo mismo no puede ser ya una respuesta adecuada.
 
La importancia económica de las Indicaciones Geográficas en el mercado mundial ha crecido en volumen y presencia, y para los países con amplia tradición culinaria y vitivinícola su ignorancia no debería ser una opción. Si no es hoy, ¿cuando? 
 
mjalife@jcip.mxMéxico gozaría de exclusividad para productos como los quesos “Oaxaca”, “Chihuahua” o “Cotija”, que con base en tal reconocimiento podrían iniciar su escalada hacia mercados internacionales.